Cowboys & Aliens
Pues eso mismo, vaqueros y bichos

- Título original: Cowboys & Aliens
- Nacionalidad: USA | Año: 2011
- Director: Jon Favreau
- Guión: Roberto Orci, Alex Kurtzman, Mark Fergus
- Intérpretes: Daniel Craig, Harrison Ford, Olivia Wilde
- Argumento: 1875, Nuevo México. Un hombre despierta en el desierto con un extraño aparato en un brazo. Se desplaza al pueblo más cercano y, de la noche a la mañana, se convierte en su principal defensor ante un ataque de alienígenas.

Cowboys & Aliens es de esas películas cuyo hype es invertido. Hay blockbusters que tienen un hype uniforme (entiéndase por hype las expectativas creadas alrededor), pues desde que se anuncian hasta que se estrenan mucha gente las espera y, por fin, pasan por taquilla. Hay otros que lo van creando con el tiempo hasta llegar el estreno. Lo que no suele ocurrir mucho es lo del hype invertido. Y es que cuando peces gordos de Hollywood ponen toda la carne en el asador para producir lo que a priori es “una de las películas más esperadas del verano”, lo anuncian como tal y todo empieza a fluir, hay que considerar poco margen de error. Pero, ¿por qué C&A interesó cada vez menos a los espectadores?, ¿por qué las expectativas se evaporaron y terminó siendo un fiasco comercial? No tengo ni idea de si Jon Favreau (director), Daniel Craig y Harrison Ford (protagonistas), Steven Spielberg (productor ejecutivo) o Roberto Orci y Alex Kurtzman (guionistas), entre otros principales responsables, saben qué narices ha pasado. Pero el aquí firmante piensa dos cosas: hacienda tendrá que investigar que ha sido de los casi 200 millones de dólares del presupuesto, y que un cineasta nunca debe tomarse en serio una batalla entre vaqueros, indios y alienígenas con cara de grillo.
El cómic tramposo
Lo mejor: Daniel Craig y Harrison Ford, que saben pasárselo bien en sus respectos roles, así como aprovechar la muy correcta introducción de sus personajes en la trama. El primer ataque alienígena al poblado, resuelto con eficacia.
Lo peor: Que más allá de los primeros treinta minutos no hay mucho donde rascar aparte de un entretenimiento demasiado rutinario.



