Los vampiros que chupan unidos permanecen unidos
Un baño de sangre, acaecido en una gasolinera de un árido paraje, empuja a los Hamilton, una familia de vampiros, a dejar los Estados Unidos para buscar nuevas venas donde pastar. Una vez en el Reino Unido, desesperados por protección, buscan la ayuda de grupos de personas que supuestamente muestran simpatía por los de su raza.
Los cineastas Mitchell Altieri y Phil Flores, más conocidos dentro del mundillo como The Butcher Brothers, recogen el testigo de la película con que iniciaron su idílica relación como pareja cinematográfica de hecho – si olvidamos su verdadera opera prima, Long Cut, la cual era bastante primeriza e intrascendente -. Con algunos añitos más, unos seis en concreto, los directores norteamericanos especializados en cine del género sangriento buscan resucitar a los “Hamilton”, una extraña familia de vampiros cuyas andanzas allá por el 2006 no dejaron satisfechos a la gran mayoría, a pesar de las interesantes dosis de innovación que aplicaron al concepto vampírico y a la forma de narrarlo. Y es que pese a ser una película digna de mención, le faltaba “algo”, sobre todo afinar más la historia y profundizar en la definición de personajes. Un mal con el que han ido lidiando en sus dos siguientes cintas: la pésima – aunque esa es otra historia – Abril Sangriento y la apasionada The Violent Kind. Es precisamente en esta última cuando los hermanos metafóricos muestran un sentido del ritmo y de la narración superior y ya casi en plena madurez. Y eso que con The Violent Kind también jugasen a epatar de una forma demasiado efectista. Pero con ese nombre artístico, ¿se podría esperar otra cosa?