Cockneys vs. Zombies

¡Devuélveme la dentadura postiza, zombi de mierda!

Cockneys vs. Zombies

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:

Cockneys vs. Zombies

Os aseguro que hubo otro tiempo - y quizás otro lugar – en el que los zombis pasaban por criaturas terroríficas que, con andares pesarosos, expresión inequívoca del rigor mortis, avanzaban en hordas y de manera inexorable hacia la aniquilación total de la especie humana… a golpe de dentelladas. Pero como os decía eso es algo que, prácticamente, y salvo honrosas excepciones (The Dead, Mud Zombies), pertenece a un pasado que se antoja difícil de recuperar.

Hoy en día el zombi es una criatura híbrida (os recomiendo encarecidamente el artículo sobre “El mito zombi” de nuestro compañero Randolph Carter), capaz de responder a estímulos químicos dando muestras de una extraordinaria capacidad atlética (en cuyo caso se les etiqueta de infectados… y sí, sé perfectamente la diferencia entre un zombi y un infectado) y requerida para tomar parte en las más improbables situaciones y en los más excéntricos de los argumentos. Y aquí es donde entra en juego la zombedy (comedia zombi), que ya disfrutó de un magistral precendente en la temprana El Regreso de los Muertos Vivientes (Dan Obannon, 1985).

Lo mejor: Alan Ford y las secuencias que se desarrollan en el interior de la residencia de ancianos.

Lo peor: No hace tanta gracia como me esperaba.


The Seasoning House

Venganza en tiempos de guerra

The Seasoning House

Angel es una huérfana sordomuda, retenida en un burdel donde administra drogas a las chicas que son raptadas y obligadas a prostituirse para militares y civiles. Pese a la sordidez del entorno, ella es la viva imagen de la inocencia, aunque bajo su rostro se oculta una rabia sorda. Cuando los hombres que aniquilaron a su familia acuden al prostíbulo, Angel pondrá en marcha un plan para vengarse de ellos y escapar de su cautiverio.

Presente en la sección Fantàstic Panorama a competición en la pasada edición del Festival de Sitges, The Seasoning House, debut tras las cámaras del británico Paul Hyett, se postula como un intenso, violento y claustrofóbico drama capaz de dejar con mal cuerpo al más pintado. Curiosamente las dos reseñas que he podido leer de la película, ambas tras su paso por el FrightFest 2012, señalan la contundencia y la fuerza de una potentísima película únicamente lastrada por un tramo final que quizás no cumpla con las expectativas creadas hasta ese instante.

Sesion 9

En el herido y en el débil

Sesion 9

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 4/5

Sesion 9

Cuando se concibe una historia, conviene no perder de vista el hecho de que la ambigüedad es un arma de doble filo.

Reduzcamos por un momento el terror a una división caricaturesca: por un lado, tenemos ese cine que describe amenazas y plantea misterios, trufado de bestias infernales, asesinos que avanzan cuchillo en mano, zombis y chupasangres incontinentes, violadores armados con taladros, fantasmas que lloran por las esquinas porque nadie les hace caso… Esta concepción del género suele poner sobre la mesa un desafío – la citada amenaza – muy concreto, ya sea en forma de monstruo, asesino, maldición, catástrofe, o aquello que más nos seduzca. Por los mimbres con que están hechas, estas historias suelen admitir solamente dos soluciones: o disolvemos el peligro o él nos disuelve a nosotros: final feliz, final triste. Sea como fuere, el espectador sale de la sala con una idea muy clara de lo que le han contado: ha conseguido identificar el origen de aquello que le genera miedo; le ha sido expuesto su modus operandi, y ha descubierto el antídoto de ese mal, en caso de haberlo, ya que de no ser así, es el propio mal el que se sale con la suya.

Este es el tipo de terror que suele complacer al público generalista y a los aficionados al terror clásico – nostálgico, me atrevería a decir -.

Lo mejor: No me he enterado de nada.

Lo peor: No me he enterado de nada.


Babycall

Paranoias, psicópatas…¡Lo que tiene que aguantar una madre!

Babycall

El cine fantástico y de terror noruego lleva varios años ofreciendo alguna que otra sorpresa que consigue escapar de sus fronteras. Ahí tenemos Cold Prey (2006), Troll Hunter (2010), Rare Exports (2010) o la obra maestra Déjame entrar (2008). No es fácil que lleguen a nuestros cines, y si lo hacen es habitual que la distribución sea pésima. De hecho, la única razón por la que Babycall tendrá estreno en algunas de las pantallas españolas es por su protagonista: Noomi Rapace. Ya sabemos que cuando un intérprete se pone de moda, aprovechan para llevar a los cines o a reeditar en DVD películas anteriores a su nuevo estatus de estrella. Así, la actriz que se diera a conocer con la trilogía Millenium (2009-2011) y que dio el salto a Hollywood como secundaria en Sherlock Holmes: Juego de sombras (2011) y protagonista en Prometheus (2012), es una sufridora madre en este Babycall, estrenada en Noruega en octubre de 2011.