My Fair Zombie (2)

La lluvia en Sevilla... ¡Quiero tu cerebro!

My Fair Zombie (2)

Un profesor de fonética acepta el reto de convertir a una joven mujercita zombi en una auténtica dama de la alta sociedad inglesa.

En 1964 George Cukor dirigía My Fair Lady - adaptación cinematográfica de una exitosa comedia musical de Broadway – con el siempre elegante Rex Harrison en el papel de Henry Higgins y la siempre adorable Audrey Hepburn en el papel de Eliza Dolitle.

En 2012, el canadiense Brett Kelly, autor de títulos algo menos memorables que los de George Cukor como pueden ser The Bonesetter, The Bonsetter Returns o My Dead Girlfriend; dirige My Fair Zombie, relectura en clave zombi de la mencionada My Fair Lady. El argumento viene a ser exactamente el mismo que el del clásico de Cukor: un estirado profesor de fonética empleará todos sus esfuerzos y conocimientos en lograr que una joven florista de los bajos fondos consiga hacerse pasar por una dama de la alta sociedad londinense. La peculiaridad, en esta ocasión, es que la encantadora Eliza está muerta. O mejor dicho, muerta en vida. Vamos… que es un zombi. De manera que supongo que deberá aprender una lección extra que probablemente no tuvo necesidad de memorizar Audrey Hepburn: “comer cerebros humanos no es propio de una señorita”. Por cierto, por si alguien tenía dudas al respecto, Audrey Hepburn no repite protagonismo en My Fair Zombie.

Filosofía Zombi

Una mirada fresca a la carne pútrida. Hablemos del Zombi

Filosofía Zombi

Esta entrevista va dedicada también a mi compañero de Almas MASP, que fue quien me descubrió y recomendó tan jugoso ejemplar.

Jorge Fernández Gonzalo (Madrid, 1982), doctor en filología, poeta, ensayista y crítico, es el autor del magnífico libro que paladeo ahora mientras escribo esto, Filosofía Zombi, finalista del Premio de Ensayo de Anagrama 2011. Gran poeta de nuestro tiempo, cuenta con múltiples premios que lo consagran, entre ellos el solemne Premio Hiperión 2004 por su poemario Una hoja de almendro. Este polifacético pensador ha decidido transportar el mito del zombi a un ámbito más académico, estudiándolo como concepto más allá del simple deleite que nos da a los aficionados del género el verlo maltrecho por las pantallas. Un recorrido por las diferentes visiones del zombi — y lo que dan para hablar de él — en un original ensayo que puede ser la mejor opción en estas navidades para todo aquel acérrimo de los muertos vivientes. Jorge, encantador y cercano, me dio la oportunidad de charlar con él sobre su libro, sobre los zombis y sobre todo un abanico de reflexiones en torno a tan adorable cadáver. Gracias Jorge.

Randolph Carter: Antes que nada, enhorabuena por el libro. Me gustaría comentar un poco antes de hablar del zombi en cuestión, lo que es la forma en sí del ensayo, que me ha fascinado, pero, ¿cómo surge el trabajo y cómo surge la idea de componer el concepto del zombi desde el punto de vista académico?

Jorge Fernández Gonzalo: Bueno, venía de realizar mi tesis doctoral, sobre el lenguaje poético y la filosofía aplicada a los estudios literarios, que acabé unos meses antes de ponerme con el libro. Desde ahí se me ocurrió dar el salto a los estudios culturales y utilizar el zombi como una metáfora total. Siempre me había fascinado el mito del zombi, quizás sobre todo a través de los videojuegos y el cine moderno más que a través del cine clásico de terror. Tuve que empollar todas las películas de George Romero, que algunas las tenía olvidadas y otras no las había llegado a ver. A partir de ahí empecé a elaborar un refrito entre mi preparación académica por un lado y mi afición por los zombis.

The Butterfly Room (2)

Yo quiero una abuela como Barbara Steele

The Butterfly Room (2)

Alice es una pequeña niña de 11 años. Esta hace de imán para las señoras mayores, tanto que prácticamente se convierte en la cura para el “síndrome de nido vacío” que sufren dichas señoras. Un día Alice se topará con la señora equivocada. Poco después de la llegada de Ann, que así se llamaba la señora, Alice desaparece y al mismo tiempo llega al barrio Claudia, una recién divorciada. Esta cometerá un error muy grande, le pedirá a Ann que cuide de su hija Julie durante un fin de semana. ¿Descubrirá lo que le pasó a la pequeña Alice?

Ya hace unos cuantos meses que nuestro compañero Asier nos presentaba The Butterfly Room, un thriller cuyo principal atractivo (o al menos uno de los más evidentes) era la presencia de la mítica actriz británica Barbara Steele, quién protagonizara a medidados del pasado siglo obras cumbres del horror gótico tales como La máscara del demonio (1960), del maestro Mario Bava; El Pozo y el Péndulo (1961), de mi admirado Roger Corman; o El horrible secreto del doctor Hichcock (1962), de Riccardo Freda.

The Devil Inside

¡Exagerados!

The Devil Inside

Ver ficha completa


DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:

The Devil Inside

The Devil Inside se estrenó en los Estados Unidos recaudando unos sorprendentes 33 millones de dólares en el primer fin de semana. Sin embargo, los posteriores descensos fueron tan agudos que el total se plantó en unos, aún así excelentes, 54 millones. Hablamos de una producción de 1 mísero millón de dólares, lo que viene a ser la mitad de la media presupuestaria de, por ejemplo, nuestro cine español. En todo el mundo su total asciende a 101 millones ¿Un exitazo, verdad? Si nos ceñimos a lo económico, no cabe duda. Pero, ¿qué se ha dicho sobre ella? Aquí la suerte da un giro radical. Y es que, no pocos la han escupido, odiado e insultado. Muchos aseguraron que se trataba de la peor película de los últimos años, y muchos otros se sintieron estafados. En IMDB tiene una media de 3,9 mientras que en Filmaffinity no llega a 3,5. En Rottentomatoes únicamente se encontraron un 7% de valoraciones positivas de los críticos, mientras que en Metacritic un 18% dijeron algo bueno. Por todo esto, el aquí firmante comenzó el visionado con las peores expectativas, dispuesto a verla y, justo después, ponerla verde en la reseña que tenéis ante vuestros ojos. La cosa es que…

¿Realmente es tan mala?

Sinceramente, no. Lo que le ha ocurrido a The Devil Inside es el efecto “bola de nieve”. A veces ocurre para bien, y otras veces para mal. Aquí se da el segundo caso. Os pondré un ejemplo: cuando se estrenó El bosque (2004), muchos, entre la crítica y también entre algunos sectores del público, le tenían ganas a su director, M. Night Shyamalan. Estaban esperando que con la siguiente película la cagase y saliera derrotado de una vez por todas. El ser humano es así. Pues bien, la crítica, efectivamente, se cebó con ella. Incomprensiblemente (pues es una producción con factura impecable, buenas interpretaciones, dirección llena de detalles de calidad, banda sonora que pone los pelos como escarpias y guión, no sobresaliente, pero sí interesante) muchos afirmaron sin rubor que se trataba de la peor película del año. El público siguió la bola de nieve. Las opiniones negativas, cercanas al odio, crecían a ritmo vertiginoso. Parecía que la gente iba a verla para criticar, y si no seguías el rollo eras raro o no entendías. ¿No había ese año doscientas películas objetivamente peores que El bosque a las que nadie odiaba? Desde luego, pero eso es lo que pasó.

Lo mejor: Los exorcismos.

Lo peor: El desenlace.