Nocturna 2014 (día 5)

Asesinos y locos

Nocturna 2014 (día 5)

Llegaba el viernes y los hechiceros arcanos nos tenían preparado un gran festín de cine para inaugurar el fin de semana y con él la recta final del festival. Poco éxito obtuvo la noche anterior la proyección de Lords of tears y eso que llegaba envuelta en críticas muy positivas. Se trataba de una cinta muy particular y alejada de los terrenos del terror habitual, llena de sueños, fantasía y paisajes bucólicos: para muchos un tostón, aunque para otros un film interesante si se entra en su juego.

Con ganas de quitar ese mal sabor de boca, la gran mayoría acude a la proyección de Wolf Creek 2 que, lejos de ser una simple secuela, añade a la formula original un tramo inspirado en “El diablo sobre ruedas”, una trama que cierra en falso y un duelo interpretativo y de ingenio entre víctima y verdugo la mar de intenso. Pese a que los amantes más incondicionales de la primera entrega no se quedaron demasiado contentos, la mayoría de la sala disfrutó de lo lindo en uno de los mejores título que pasaron por aquí (hoy domingo puedo decir que se hizo con el premio a la dirección, al guión y exequo a sus protagonistas). Mientras, en una sala más pequeña, se recuperaba para la memoria de los espectadores Una vela para el diablo; cine de asesinas en hotelito del que guardo buen recuerdo y cuyo revisionado dejó un buen sabor de boca entre los asistentes.

Folk Horror

Terror antes de Cristo

Folk Horror

Podríamos definir el folk horror como un subgénero que bebe directamente de las tradiciones paganas europeas, de los ritos y de la mitología de la era precristiana. Estas historias suelen desarrollarse en entornos rurales, campestres, muy alejados de las grandes urbes y, por ende, de todo lo que tenga relación alguna con la civilización y su predominio tecnológico. Las tramas escenifican el viejo enfrentamiento entre lo viejo y lo nuevo, entre «el ratón de campo y el ratón ciudad». Se nos presenta en ellas el conflicto encarnado por dos partes bien diferenciadas: por un lado, los recién llegados, con su mentalidad moderna, cosmopolita y escéptica, decididos a instalarse y a comenzar una nueva vida en el campo o simplemente a meter sus narices en los asuntos y en la vida de los lugareños; por otro, la comunidad que allí habita, aparentemente afable, pero ciertamente cerrada, sectaria, celosa de sus secretos, de costumbres ancestrales, regida por creencias arcanas y oscurantistas. Generalmente, un secreto obsceno, inconfesable, compartido por los componentes de estas hermandades agrícolas, se esconde detrás de estas idílicas estampas bucólicas: el sacrificio indispensable para el éxito del cultivo, para la continuidad de la vida, aceptado como algo connatural por todos, excepto, claro está, por los “extranjeros”.

Es este un subgénero eminentemente británico, tanto en sus manifestaciones cinematográficas como en las literarias. Se acepta que sus orígenes se remontan a los textos de algunos de los autores fundamentales de la literatura de género: M.R. James, Arthur Machen y Algernon Blackwood, entre otros muchos. Elementos recurrentes en estas historias son los ritos arcanos, los templos en ruinas, los monumentos megalíticos, todo aquello relacionado con labranza y las cosechas, y un amplio repertorio de símbolos ligados a la tierra, a la magia y a la fertilidad, así como seres mágicos tales como hadas o duendes.

Invasion of the Undead

A veces no pasa el tiempo...

Invasion of the Undead

Allison recluta la ayua de dos estúpidos investigadores paranormales cuando una infestación de no muertos se apodera de su nueva casa.

Hoy en día que está tan de moda hablar con pedantería de cualquier estreno cinematográfico, buscando en el cine independiente el sentido de la vida, romper a llorar con escenas que no dicen absolutamente nada o hacer gala de unos conocimientos cinéfilos innecesarios definiendo “subsubsubsubgeneros” que sólo existen en la cabeza de bloggeros de medio pelo… hoy en día que está tan de moda hablar con palabras ampulosas (como ampulosa) el público del cine de horror corre el riesgo de olvidar que todo este tinglado se montó siempre con objeto de mera diversión (y si encarta ya reflexionaremos sobre la insoportable levedad del ser). Los críticos y coleccionistas de revistas siempre os querrán llenar la cabeza de datos que no sirven más que para completar los párrafos de sus posts de pacotilla, y la única razón para hacerlo es querer demostrar que son más “guays” que Quentin Tarantino. Pero olvidan que en este proceso competitivo de “ver – más – festivales – que – nadie” echan tierra sobre lo único importante: una cinta de terror tiene que entretener y aportar las emociones fuertes que otros géneros desechan. Esa es la clave y para de contar: por eso me apegué hará muchos años a Almas Oscuras, porque me sentía rodeado de gente con ganas de diversión sana, encabezados por Joan Lafulla, un hombre honesto que rechaza la obsesión, de la que tanto rezongo últimamente, a favor de la pasión. Los tiempos cambian, pero a veces no pasa el tiempo…

Pues en estos días de tontería y poco compañerismo se agradece conocer de proyectos que avalan mis palabras de viejo gruñón. La película de bajo presupuesto llamada “Invasion of the Undead” parece otro de esos intentos por resucitar una década que a muchos nos parece dorada al coincidir con nuestra maduración como seres humanos, y son los años circundantes a la adolescencia los que terminan por marcar a cualquier persona de provecho. Como decía, con 17.000 pavos intentan estos debutantes – sus trabajos anteriores no merecen más renombre – volver a los viejos tiempos de la comedia y el horror, clara es la influencia de “Night of the Creeps”, “House” o “Una Pandilla Alucinante”, haciendo uso de cualquier recurso “retro”, de tal forma que resulte atractiva a los nostálgicos.

Hungerford

Polémica desde el espacio exterior...

Hungerford

Cowen Rosewell es un estudiante de audiovisuales cuyo primer trabajo consiste en grabar todo lo que ocurra durante una semana de su vida. Justo cuando el proyecto comienza, una oleada de violencia asola su pequeña población británica, sin que los medios nacionales se hagan eco de la misma. Sin embargo, cuando uno de sus mejores amigos es atacado por un maníaco, la terrible realidad detrás de tanta locura emerge para horror de Cowen.

Así como los actos violentos aumentan la escala, nuestro protagonista y sus amigos descubren que el pequeño pueblo está bajo una malvada influencia, que es la que controla los altercados para crear una cortina de humo que oculte los secuestros de los ciudadanos locales. Los secuestradores llevan a sus víctimas a una fábrica abandonada de las afueras. Allí se cuece un plan para conquistar todo el planeta, ¿podrán Cowen y sus colegas detener la invasión?

¿Un nuevo remake de ”Invasores de Marte”, qué ya actualizase Tobe Hooper a mediados de los ochentas? A pesar de la similitud de su idea argumental base, Hungerford apunta hacia otro terreno, pues ni su protagonista es un chaval norteamericano ni queda aureola alguna de los optimistas años 50. No en vano estamos ante otro mockumentary, el formato de moda. Oye, y por mucho que me pese, a lo mejor es la única salida para conseguir una estética digna en producciones de bajo presupuesto como la que nos ocupa. Pues su tráiler pinta bastante bien para las 20.000 libras que parece haber costado el invento.