Everly

¿Cuántos cadáveres de putas y mafiosos caben en una habitación?

Everly

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3/5

Everly

El director Joe Lynch es un talento a tener en cuenta: amante de la serie “B” como pocos, sus películas son un delirio de clichés del cine de género llevados con buen acierto y con la noble pretensión de entretener al espectador. Sin ser ninguna maravilla su secuela de Worng turn, su revisión del fantástico medieval en Knights of Baddassdom, o su segmento zombi en Chillerama, demuestran sus intenciones de seguir el camino de directores como Robert Rodriguez, Peter Jackson o Sam Raimi. Como ellos, Lynch juega con los encuadres artificiosos, con la profundidad de campo, con el uso de colores saturados y una construcción de las secuencias casi coreográfica… pero no lancemos las campanas al vuelo, al bueno de Joe Lynch le falta un hervor y su cine, pese a ser prometedor, aún carece de ese título que le encumbre como nuevo exponente del fantástico de acción.

Día de navidad (¿un guiño a la jungla de cristal?), tras ser sometida a una terrible violación múltiple, Everly (Salma Hayek), se encierra en el baño con una pistola y trata de contactar con el policía para el que trabaja de informadora: ha sido descubierta y sabe que no logrará salir con vida de la habitación en la que lleva aprisionada más de 3 años. Pero antes de desaparecer quiere dar a su hija todo el dinero que ha logrado quitarle al mafioso responsable de su situación… para ello tiene que encontrar la forma de entregarle la pasta a la niña y sobrevivir a todo el que intente matarla.

Lo mejor: La Hayek está estupenda. Secuencias de acción muy entretenidas y sangrientas. No se toma demasiado en serio en ningún momento.

Lo peor: La originalidad de su propuesta sacrifica la verosimilitud a veces con demasiada osadía.


El Búnker

Un nuevo relato de Francesc Marí Company

El Búnker

Normandía, madrugada del 9 de junio de 1944

Cuatro hombres armados salieron de entre los árboles que formaban aquel pequeño bosque a las afueras del pueblecito normando de Sainte-Mère-Église. Corrían al trote cargando sus fúsiles, ataviados con conjuntos caquis y cascos de color verde rebotando sobre sus cabezas. Eran los soldados rasos Martínez y McKenna, el soldado de primera Keshner y el sargento Nielsen, pertenecientes al Tercer Batallón de la 82 División Aerotransportada del Ejército de los Estados Unidos. Estaban alejados de su unidad, pero era por una buena razón, tenían una misión. Las fotos aéreas, tomadas apenas unas horas antes, habían detectado una serie de búnkers alemanes en la zona aliada, que debían ser neutralizados antes de que causaran cualquier desgracia y pusieran en jaque la mayor operación militar de la historia. Así que diversos equipos de los soldados habían sido distribuidos por la zona para localizar, examinar y neutralizar posibles reductos de soldados alemanes.

Tras unos pocos minutos de carrera al descubierto, el grupo de soldados llegó a un enorme bloque de cemento armado. Con un par de gestos, Nielsen separó al grupo en dos, con la intención de rodear el lugar y detectar posibles amenazas. Sin embargo, las dos parejas se encontraron al otro extremo del búnker sin ninguna novedad. Mientras el sargento establecía una nueva estrategia, los demás pudieron comprobar que en aquel lugar reinaba el silencio más absoluto que habían escuchado desde que habían saltado sobre Francia tres días antes.
–Si el búnker estuviera lleno de alemanes, ¿no se debería escuchar algo? –susurró McKenna, sin embargo ninguno de los otros le respondió, simplemente afirmaron en silencio igual de sorprendidos que el joven soldado de Boston.

Clown

El demonio de la sonrisa puntiaguda

Clown

Es el décimo cumpleaños de Jack, pero el payaso contratado para la fiesta no podrá ir. Su padre, Kent, encuentra un viejo traje de payaso en el ático y así salva la fiesta en el último momento. Una vez terminada la fiesta, Kent tiene un problema: el traje y la peluca no quieren salir. Lo que comienza como una broma se convierte rápidamente en una pesadilla infernal. Kent puede sentir el cambio en su interior y la dolorosa transformación de su cuerpo. A medida que una fuerza oscura se va apoderando de sus emociones, un hambre incontrolable crece dentro de su estómago… un hambre insaciable por la carne de los niños.

Sin ser Eli Roth santo de mi devoción, uno de sus últimos trabajos como productor, “Clown”, llama poderosamente la atención gracias a su sangrienta estética. Se trata de una producción de terror sobrenatural con grandes dosis de gore y una puesta en escena macabra, cuya premisa argumental nos recuerda a la del cuento central de la antología “Scary or Die”: un padre que por razones accidentales se ve transformado en un payaso sediento de carne humana. Este arranque, sin ser muy novedoso, me parece una estupenda forma de presentar un cuento de horror completo con su dosis dramática, su línea de gore ascendente y el sempiterno miedo que los payasos provocan. Más de moda que nunca, el concepto de payaso asesino (realmente algo cogido por los pelos) está en auge tanto en el cine como en la vida real; todos hemos oído hablar estos pasados meses del Payaso de Guijón o de las bromas pesadas que en Francia realizaban un grupo de payasos vestidos de payaso. En cuanto al cine se refiere, los “clowns” viven un idilio a través de obras como “Stitches”, el próximo remake de “It”, “All Hallows’s Eve” o la esperadísima “Circus of the Dead”; incluso han encontrado su hueco en la televisión con la cuarta temporada de “American Horror Story”, que incluso desató las protestas oficiales de asociaciones norteamericanas de payasos.

La Casa Fantasma

Fantaxploitation

La Casa Fantasma

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 2.5/5

La Casa Fantasma

”La Casa Fantasma” es la primera reseña de una serie de entregas donde repasaré uno de mis subgéneros favoritos: el de las casas encantadas. Por supuesto el criterio de selección de este especial pertenece al terreno personal y se ajusta a aquellas cintas que considero son señeras de las diferentes interpretaciones, dentro del cine, de la historias de casas malditas. En este caso, “Ghosthouse” representa el lado más casposo y frívolo del asunto. En la próxima entrega viajaremos algunas décadas más al pasado junto a Vincent Price.

En una casa victoriana se produce un horrible crimen donde son asesinados una pareja y su joven hija, años después la casa sigue vacía a causa de los fenómenos que se suceden en la misma. Pero una petición de auxilio por radio, recogida por Paul y su novia, llevará a estos a la misma casa fantasma, donde se encontrarán con otros jóvenes, que pasaban por allí (ejem). Todo ellos deberán enfrentar el misterio tras el espantaso payaso de juguete que fuese detonante de la violenta muerte de los antiguos inquilinos.

“Ghosthouse” sería el resultado de un empacho de “Amityvilles”, “Poltergeists” y “Posesiones Infernales”, en sesión continua junto a un buffet de pasta, sufrido por los delicados estómagos de dos luminarias de la explotación cinematográfica: Joe D’Amato y Umberto Lenzi. Semejante hartón de casas encantadas provocaría unos efectos diarreicos en la mente de nuestros intrépidos italianos capaz de acabar con todo el suministro de desatascador del planeta. Para los que no estén sobre la materia, los dos interfectos son las cabezas más visibles de lo que se dio por llamar durante los ochentas como “italoexploitation”, dícese de copias baratas con boloñesa de cualquier éxito que produjese Hollywood, con una especial obsesión por el terror, la ciencia ficción y la acción (géneros de fácil consumo en videoclub, objetivo concreto de estos expoliadores). Una vez realizadas las presentaciones señalar que la calidad de estas burdas copias siempre dejaba bastante que desear, sus atropellados rodajes tienen que verse reflejados en pantalla por narices, pero también es cierto que cuentan con un saborcillo especial que ha encandilado, entre ellos me cuento, a infinidad de aficionados. Quizás su poder de atracción radique en eso de ser tan malas que resultan divertidas o, y esta es mi opinión, esa extraña cualidad onírica, apoyada por la mala edición y la incapacidad narrativa, que acerca este cine a las pesadillas debido a su desbarajuste y pérdida de control característico.

Lo mejor: Por el lado cómico, las decisiones de los protagonistas así como el muñeco.

Lo peor: La tremenda confusión para exponer un guión más simple que una galleta.