Cruel and Unusual

Dios castigando al Diablo

Cruel and Unusual

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 4.5/5

Cruel and Unusual

“Castigo cruel e inusual” es una frase que describe el castigo que se considera inaceptable debido al sufrimiento, el dolor o la humillación que inflige a la persona sometida al mismo.

Con estas mismas palabras, el debutante Merlin Dervisevic, bautiza su primera película: Cruel and Unusual. Una película que nos ubica en el infierno, donde son castigadas todas aquellas almas que cometieron, impunemente, un “castigo cruel e inusual”, y creyeron que la muerte les salvaría de su condena. Pero no es así… Estas malévolas almas deben pagar por lo que han hecho, y lo harán reviviendo su propio pecado - ese castigo cruel e inusual que infligieron a sus víctimas – todos los días de su vida espiritual. En otras palabras, Dios les castiga pagándoles con la misma moneda. Sin embargo el guión de Cruel and Unusual propone diversas lecturas morales, relatando un mismo hecho desde todos los puntos de vista posibles de manera que cada uno pueda sacar sus propias conclusiones. Pero si de algo no nos cabe duda alguna es de que Dios lo ve todo…, y sabe como tocar las pelotas a lo grande.

Estamos ante una de las mejores películas del pasado año. Cruel and Unusual no solo es inteligente y sabia; también resulta una propuesta conmovedora y muy elegante. Tampoco cabe definirla como una película de terror al uso; es más bien un thriller sobrenatural, cuasi de carácter religioso – aunque esta última afirmación debéis cogerla con pinzas – , cuyo objetivo es proponerle al espectador un castigo de carácter plenamente psicológico. Y ciertamente lo logra con creces gracias, principalmente, a un excelente personaje principal, interpretado por David Richmond-Peck (Edgar), cuya historia guarda cierta correlación con la que nos brindó Charles Dickens en su Cuento de Navidad.

Lo mejor: hay que verla...

Lo peor: aún no hay fecha de estreno.


Ghoul

Regresa el Carnicero de Rostov

Ghoul

Tres jóvenes estadounidenses viajan a Ucrania para investigar cómo el canibalismo se extendió por el país durante la hambruna de 1932. Tras internarse en las profundidades de los bosques de Ucrania para entrevistar al último superviviente conocido de la epidemia de canibalismo, sufrirán una serie de encuentros sobrenaturales inexplicables y, finalmente, acabarán enfrentándose al espíritu maligno de Andrei Chikatilo (alias “El carnicero de Rostov”), el asesino en serie más violento y caníbal de la Unión Soviética de todos los tiempos.

Tiene guasa la etiqueta de “Inspirada en hechos reales” que aparece en el póster de Ghoul. Tampoco es que podamos discutirla… si “inspirada en hechos reales” hace referencia a que, efectivamente, Andrei Chikatilo fue un nefasto personaje que sembró el horror en la Unión Soviética a finales de los 70 y durante los 80, contabilizándole, al menos, un total de 52 víctimas (la mayoría jóvenes por debajo de la veintena), pues entonces supongo que nada que objetar. Si a esto le sumamos unas cuantas imágenes de archivo acerca de la hambruna que sufrió Ucrania a principios de siglo pasado, supongo que lo de los “hechos reales” ya queda plenamente justificado. ¿Dónde queda entonces toda la parafernalia de la sesión de Ouija que nos traerá de regreso al Carnicero de Rostov? Pues podríamos llamarlo una licencia artística.

Zombi d'Or

Muertos vivientes con dentadura postiza

Zombi d'Or

Una friki de Star Wars. Un kany flamencorro. Zombis de la Tercera Edad. Y Bahía d’Or. ¿Que qué sale de todo esto? ZOMBI D’OR: la primera historia de muertos vivientes con dentadura postiza.

Especializado como guionista en la ESCAC, Fernando Polanco, originario del Puerto de Santa María, cursó un master en la escuela cubana EICTV para después volver a España y pasar unos meses en Filmax, tras los cuales volvería a cruzar la frontera al obtener la prestigiosa beca Four Corners del programa europeo Media. Actualmente se encuentra desarrollando multitud de proyectos cinematográficos, teatrales y literarios, de los cuales, Zombi d’Or es su primera novela. ¡Y qué debut!

La oleada de literatura zombi vivida en estos últimos años nos ha regalado muchas obras clave que han sido las que han logrado sustentar un subgénero que triunfa más allá de las letras. Novelas gráficas, series de televisión, cómics bajo el sello del maestro Romero (padre del no-muerto contemporáneo) y un sinfín de producciones para pantalla grande y el mercado doméstico, son ejemplos del éxito sin parangón de una temática que, hasta hace apenas un lustro, podía considerarse de consumo casi exclusivo para aficionados más acérrimos al cine de terror y frikis en general, adjetivo antaño usado con connotaciones despectivas y hoy en día autoproclamado por más de uno que se cree serlo y no lo es. Porque el friki no se hace: se nace. Y un claro ejemplo es la Leia protagonista de este Zombi d’Or.

The Vatican Tapes

Al diablo no le pagan las horas extras

The Vatican Tapes

Angela Holmes, de 27 añitos, es ingresada en un hospital a causa de un tonto accidente que infecta uno de sus dedos. Tras el ingreso, Angela termina por comportarse de forma muy rara, hiriendo y atacando a todos los que la rodean, incluso sus seres queridos. Sus padres preocupados y devotos acuden a la ayuda de dos sacerdotes que pronto determinan la posesión de la joven; sin saber que el ser que se ha apropiado del cuerpo es una de las entidades más poderosas del Infierno.

Entre pactos con políticos y corromper a monjitas, el diablo no da a basto. Y si hablamos de cine ha llegado un momento en que el Enemigo ha debido abrir una franquicia para atender a las distintas posesiones que dan lugar bajo su nombre. La reflexión sobre el abuso, en cuanto a cintas de posesiones, que sufrimos en el cine de terror se extiende casi hasta los ochentas, lo que no evita que nuevas películas sobre el tema se vayan produciendo por docenas. Desde la serie Z hasta las películas de alto presupuesto, el demonio está de moda (¿alguna vez había dejado de estarlo?) y nos gusta verlo atormentando a nuestros semejantes.
El caso es que la producción que nos ocupa, “The Vatican Tapes”, se lleva la palma en cuanto a la falta de originalidad que vamos denunciado en este subgénero: joven virginal aficionada a los camisones blancos, una pareja de sacerdotes al estilo de las buddy movies, una escena final apoteósica donde se desvelan temibles poderes por parte de la chica poseída… La verdad es que estas premisas provocan más pereza que otra cosa, aunque cierto es que el cine de posesiones, como los slashers, siempre queda resultón en pantalla cuando no experimenta con sus propios límites.