Last Girl Standing

Los últimos serán los primeros

Last Girl Standing

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 2/5

Last Girl Standing

Muchos han sido los clavos que han intentado cerrar de forma definitiva el ataúd del “slasher”, sub género que adoramos en Almas Oscuras, sin embargo este se niega a morir como corresponde a la vertiente más sangrienta del séptimo arte. De hecho, las películas adscritas a los parámetros de un asesino despiadado y unos jóvenes gilipollas corriendo delante de su machete siguen prodigándose como caracoles tras una lluvia de Mayo: Más o menos cómicos (“Lost After Dark”, “Stage Fright”); clásicos y brutos (“Laid to Rest”, “Hatchet”); fallidos intentos experimentales (“Open Windows”, “Beyond the black rainbow”); nostálgicas “italoexploitations” muy deficitarias (“Violent Shit”, “Morituris”, “Christopher Roth”) producciones penosamente baratas (“Lizzie Borden”, “Pinup Dolls on Ice”); slashers que no son slashers, destinados a los “sofisticados” gustos de las nuevas generaciones (“The Final Girls”, “L.A. Slasher”); incluso remakes impensables hace años(“Maniac”, “Viernes 13”). Eso en cuanto a un somero vistazo a vuela pluma, porque como ya demostramos en nuestro especial “Puñaladas Traperas”, estamos ante un sub género que puede dar para semanas enteras de debate aunque sólo sea por su variedad. Pero dejemos el estado actual del slasher, preocupante pese a su importante peso en la producción terrorífica, para otra ocasión.

Lo mejor: Su arranque y el intento de presentar un tipo de slasher distinto.

Lo peor: Personajes mediocres, un nudo demasiado dramático para mi gusto y un índice de predictibilidad más alto que el precio de las almendras.


Hush

Sólo cuando desees morir

Hush

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 2.5/5

Hush

No hace falta ser muy avispado para darse cuenta de que Hush es sinónimo de mediocridad. Es como un aborto, no previsto ni anunciado. Y lo más curioso de todo es que ha funcionado; su premiere en el SXSW ha sido todo un éxito, cosechando muy buenas críticas, logrando su comercialización en la plataforma NetFlix y un estreno en VOD a nivel internacional. ¡Sorprendente!… para una producción tan cutre. Imagino que el plus “del director de Ouija 2” y de esa película que nadie sabe cómo c*** lo hizo pero se embolsó 27 millones de la nada, titulada Oculus, fueron motivos suficientes para que la suerte se le pusiera de cara.

Mike Flanagan, director de Hush, en varias entrevistas concedidas en el marco del SXSW a diversos medios, como la que leí en DC, admite que la película se rodó en un periodo de corto breve, con poco presupuesto y bajo mucha presión. Obviamente no parecen las mejores condiciones para afrontar ningún proyecto, pero siempre es de agradecer que los directores con cierto renombre, por mucho que tengan que meter el turbo, se esfuercen por ofrecer un mínimo de calidad. Puede que Hush tenga calidad suficiente como para mantenerte interesado durante 80 minutos de visionado, aunque su impacto sea de un calado similar al de un telefilm de antena 3. La primera frustración del viaje la encontramos en un inicio tan empático y potente como estúpido, sustentado en lo desconocido de una situación extraordinaria. Pero el verdadero problema de Hush se encuentra en que las intenciones y los esfuerzos de Flanagan y Kate Siegel por emular a la teniente Ripley, son tan disparatados y previsibles que arruinan el resto del filme. Vamos… un autoengaño.

Lo mejor: la consciencia de una muerte prematura dolorosa: terrorífico.

Lo peor: sería capaz de resumir la trama en 30 segundos. Patético.


The Wolf Family Treasure

Los guardianes del tesoro

The Wolf Family Treasure

Un grupo de perdedores, aficionados al robo como solución a sus males económicos, descubren el supuesto paradero de un tesoro, pero uno maldito, como no podía ser de otra forma. La familia Wolf, infame por sus supuestas actividades como brujos, escondió una verdadera fortuna que sólo será alcanzable por aquellos sin miedo a los encantamientos, las pesadillas y las posesiones. ¿Serán nuestros protagonistas?

Dicen los políticos con los bolsillos mejor engrasados que la crisis ya ha terminado. ¿De verdad? ¿Han ido recientemente a una entrevista de trabajo/semi esclavitud? Peor todavía, ¿han tenido que lidiar con esos salvadores que reprochan a otros, injustificadamente, el creerse dueños de la verdad absoluta cuando son ellos los que queman brujas como adalides de la libertad de expresión insultante? Y digo peor porque si algo puede ser más odioso que una crisis económica, eso sería una crisis de valores. Pero a los maleducados y ladrones de gomina, al igual que a la pobreza, no se les puede erradicar de nuestras vidas, hay que buscarse algún truco para simplemente capearlos. Los protagonistas de la norteamericana “The Wolf Family Treasure” se han decidido por la solución “Stevenson”; es decir, lanzarse a la búsqueda del tesoro sin importar quien pueda ser el guardián.

La pesadilla del USS Indianápolis

El mayor ataque de tiburones de la historia

La pesadilla del USS Indianápolis

“Un submarino japonés le disparó dos torpedos al costado del barco. Yo había vuelto de la isla de Tinyan, de Leyte, donde habíamos entregado la bomba, la que había de ser para Hiroshima. 1100 hombres fueron a parar al agua, el barco se hundió en 12 minutos, no vi el primer tiburón hasta media hora después, un tigre de cuatro metros, ¿ usted sabe cómo se calcula esto estando en el agua ? usted dirá que mirando desde la dorsal hasta la cola, nosotros no sabíamos nada. Nuestra misión de la bomba se hizo tan en secreto que ni siquiera se radió una señal de naufragio (risa irónica). No se nos echó de menos hasta una semana después. Con las primeras luces del día llegaron muchos tiburones y nosotros fuimos formando grupos cerrados, algo así como aquellos antiguos cuadros de batalla, igual que la que había visto en una estampa de la de Waterloo. La idea era que cuando el tiburón se acercara a uno de nosotros éste empezara a gritar y a chapotear y a veces el tiburón se iba pero otras veces permanecía allí y otras se quedaba mirándole a uno fijamente a los ojos (…)