Lo mejor del 2010

Mucho ruido y pocas nueces

Lo mejor del 2010

2010 ha sido el año de la polémica. Se ha hablado mucho de decisiones judiciales, de censura, de pornografía, de si hay ciertos límites que el cine, y supongo que cualquier otra expresión cultural, jamás debería traspasar bajo ninguna circunstancia. Se ha hablado de provocación, de libertad de expresión, de basura fílmica…
Pero la sensación final que me queda, y esto lo digo a modo estrictamente personal, es que se ha hablado muy poco de cine… de buen cine.

Considero que el 2010 no ha dejado, en términos generales, una buena cosecha en cuanto a cine de horror se refiere. O al menos, de lo que si estoy convencido, es de que ha sido un año muy inferior al 2009.

The Oregonian

¿Mande?

The Oregonian

“Existe un lugar. Un lugar en el que el cielo es ancho y los bosques espesos y extraños. Puedes perderte para siempre en dichos bosques. Encontrarás camioneros con problemas y mujeres viejas con extraños poderes. Incluso puedes hacer nuevos amigos… con aspecto de peluche. Tan solo asegúrate de permanecer en silencio. Acompañado de una mujer de Oregon perdida en mitad de la carretera y escapando de su pasado. Ahora ella tiene la oportunidad de experimentar todo lo grotesco que el noroeste tiene para ofrecerle, quiera ella o no.”

Tras esta surrealista sinopsis - pido disculpas por adelantado si mi traducción de la misma difiere excesivamente de la realidad – se encuentra The Oregonian, película escrita y dirigida por Calvin Lee Reeder, un tipo que, por lo visto, se ha labrado cierta reputacióm de cineasta de culto gracias a sus cortometrajes (en especial “The Rambler”), y que ahora supongo que estará disfrutando del hecho de que su debut en el largo ha sido escogido para el próximo Festival de Sundance. Ante bizarradas de este calibre es casi inevitable acordarse de David Lynch y sus obras menos “accesibles”: Cabeza Borradora, Mullholand Drive o Carretera Perdida.

¿Quien puede matar a un niño?

¿Quién puede hacer obras maestras del terror en España?

¿Quien puede matar a un niño?

Ver ficha completa



¿Quien puede matar a un niño?

Una pareja de turistas ingleses disfruta de sus vacaciones en un pueblo español. Deciden alquilar una barca para alejarse del ruido de las fiestas y descansar en una apartada isla con pocos habitantes Allí, no encuentran a ninguna persona adulta, y las tiendas y bares están sin atención. El extraño comportamiento de los niños de la zona anuncia, poco a poco, la inesperada realidad que respiran sus calles; los niños, de algún modo, se han convertido en crueles homicidas.

Hablar de cine de terror en España, al menos de cine actual, es casi una utopia. Cierto es que, esporádicamente, aparecen cosas interesante, y también aparecen otras tantas que pasan con más pena que gloria. De todos modos, aún contando la morralla, salen al año muy pocas producciones que podamos adjuntar al género. Una sequía que fue incluso más habitual durante los noventa. Años atrás, en los setenta y parte de los ochenta, sí hubo cierta industria de este tipo de cine de producción nacional. Uno de los cineastas imprescindibles, por no decir uno de los pocos destacables, fue Narciso (también conocido como Chicho) Ibáñez Serrador. Este señor, que posteriormente se decantó por televisión rancia variada, estuvo detrás de la mítica serie Historias para no dormir (1964-1982), así como de dos de las películas más exitosas del cine patrio; La residencia (1969) y la que nos ocupa, ¿Quién puede matar a un niño?, adaptación de la novela El juego de los niños, escrita por Juan José Plans.

Lo mejor: Prácticamente todo

Lo peor: Prácticamente nada


El libro me dijo...

El libro me dijo...

Es curioso como llega la inspiración. No me extraña que los griegos se montasen semejantes películas con las musas y otros seres mitológicos, porque a veces es más terrorífico como llega un cuento de miedo a la cabeza de un autor que el propio relato.
Baste decir que esta historia, más o menos tradicional, se me ocurrió viendo, por pura casualidad, una viñeta antigua de Mickey Mouse. Reconozco que suena estúpido, pero es la pura verdad; en dicha viñeta el ratón más repipi, pero también entrañable, de los dibujos animados, decía algo parecido a: “el libro me dijo lo que tenía que decir”. Cuanto más miraba la ilustración, más pavor me carcomía; todo ha sido poner la frase en un contexto muy de mi gusto y ya… una simple historia para que entretengáis vuestros enrojecidos ojos durante unos minutos.

PD: La viñeta que acompaña estas líneas solo es una muestra de mi absurdo sentido del humor, casi tan absurdo como la situación que originó esta historia.