The Oregonian

¿Mande?

The Oregonian

“Existe un lugar. Un lugar en el que el cielo es ancho y los bosques espesos y extraños. Puedes perderte para siempre en dichos bosques. Encontrarás camioneros con problemas y mujeres viejas con extraños poderes. Incluso puedes hacer nuevos amigos… con aspecto de peluche. Tan solo asegúrate de permanecer en silencio. Acompañado de una mujer de Oregon perdida en mitad de la carretera y escapando de su pasado. Ahora ella tiene la oportunidad de experimentar todo lo grotesco que el noroeste tiene para ofrecerle, quiera ella o no.”

Tras esta surrealista sinopsis - pido disculpas por adelantado si mi traducción de la misma difiere excesivamente de la realidad – se encuentra The Oregonian, película escrita y dirigida por Calvin Lee Reeder, un tipo que, por lo visto, se ha labrado cierta reputacióm de cineasta de culto gracias a sus cortometrajes (en especial “The Rambler”), y que ahora supongo que estará disfrutando del hecho de que su debut en el largo ha sido escogido para el próximo Festival de Sundance. Ante bizarradas de este calibre es casi inevitable acordarse de David Lynch y sus obras menos “accesibles”: Cabeza Borradora, Mullholand Drive o Carretera Perdida.

¿Quien puede matar a un niño?

¿Quién puede hacer obras maestras del terror en España?

¿Quien puede matar a un niño?

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¿Quien puede matar a un niño?

Una pareja de turistas ingleses disfruta de sus vacaciones en un pueblo español. Deciden alquilar una barca para alejarse del ruido de las fiestas y descansar en una apartada isla con pocos habitantes Allí, no encuentran a ninguna persona adulta, y las tiendas y bares están sin atención. El extraño comportamiento de los niños de la zona anuncia, poco a poco, la inesperada realidad que respiran sus calles; los niños, de algún modo, se han convertido en crueles homicidas.

Hablar de cine de terror en España, al menos de cine actual, es casi una utopia. Cierto es que, esporádicamente, aparecen cosas interesante, y también aparecen otras tantas que pasan con más pena que gloria. De todos modos, aún contando la morralla, salen al año muy pocas producciones que podamos adjuntar al género. Una sequía que fue incluso más habitual durante los noventa. Años atrás, en los setenta y parte de los ochenta, sí hubo cierta industria de este tipo de cine de producción nacional. Uno de los cineastas imprescindibles, por no decir uno de los pocos destacables, fue Narciso (también conocido como Chicho) Ibáñez Serrador. Este señor, que posteriormente se decantó por televisión rancia variada, estuvo detrás de la mítica serie Historias para no dormir (1964-1982), así como de dos de las películas más exitosas del cine patrio; La residencia (1969) y la que nos ocupa, ¿Quién puede matar a un niño?, adaptación de la novela El juego de los niños, escrita por Juan José Plans.

Lo mejor: Prácticamente todo

Lo peor: Prácticamente nada


El libro me dijo...

El libro me dijo...

Es curioso como llega la inspiración. No me extraña que los griegos se montasen semejantes películas con las musas y otros seres mitológicos, porque a veces es más terrorífico como llega un cuento de miedo a la cabeza de un autor que el propio relato.
Baste decir que esta historia, más o menos tradicional, se me ocurrió viendo, por pura casualidad, una viñeta antigua de Mickey Mouse. Reconozco que suena estúpido, pero es la pura verdad; en dicha viñeta el ratón más repipi, pero también entrañable, de los dibujos animados, decía algo parecido a: “el libro me dijo lo que tenía que decir”. Cuanto más miraba la ilustración, más pavor me carcomía; todo ha sido poner la frase en un contexto muy de mi gusto y ya… una simple historia para que entretengáis vuestros enrojecidos ojos durante unos minutos.

PD: La viñeta que acompaña estas líneas solo es una muestra de mi absurdo sentido del humor, casi tan absurdo como la situación que originó esta historia.

Devil

Es duro ser el diablo

Devil

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Devil

Tiene que ser duro ser el diablo. Al menos, por lo que nos ha enseñado el cine. Cualquier batalla puede ser la última. Para empezar a conquistar el mundo, primero has de poseer a una persona o encontrar un niño en el que reencarnarte. Y rara vez lo consigue. Así que el mal más absoluto de toda la tierra rara vez ha conseguido dar un paso adelante en su apocalipsis particular sin que un humano toca pelotas le fastidie el plan hasta dentro de cien años o algo así.

“Devil” narra el enésimo intento de este ente por extender su legado. Así, la película comienza con un suicidio y una voz en off que nos informa que así suelen comenzar las andanzas del diablo, con la muerte de un inocente. Después, vamos conociendo poco a poco los que serán los personajes de esta historia: el detective Bowden (Chris Messina), encargado de la investigación de tal suicidio, dos guardias de seguridad del edificio en el que se produjo la muerte, Ramirez (Jacob Vargas) y Lustig (Matt Craven), y cinco desconocidos que coinciden en un ascensor que, en pleno ascenso, se detiene, dejándolos encerrados. Estos cinco desconocidos no tienen relación aparente entre sí e intentan no darle importancia a lo que les ha sucedido. Son un guardia de seguridad del edificio, una atractiva joven, una anciana (estupenda Jenny O’Hara), un joven con pinta de conflictivo y un hombre bastante insufrible. Sin embargo, la luz del ascensor comienza a fallar y, tras un apagón, la chica joven y atractiva resulta herida. Algo o alguien le ha dejado unas extrañas marcas en la espalda. Los dos guardias de seguridad del edificio, que están siguiendo la situación del ascensor a través de los monitores de la sala de control, piden ayuda a la policía. El agente Bowden, que estaba investigando el suicidio que dispara la trama, se une a ellos para intentar esclarecer qué ha podido pasar en el interior de ese ascensor.

Lo mejor: El Diablo

Lo peor: La religión