Vanishing on 7th Street

La vieja oscuridad

Vanishing on 7th Street

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Vanishing on 7th Street

Una apacible noche cualquiera en Detroit; sus habitantes se dejan llevar por el deseo de ocio: el calor de las salas de cine, el amargo whiskey ambientado por la gramola de un bar, el perfumado humo de las velas aromáticas flotando en una habitación acondicionada para horas y horas de sexo salvaje…
Hasta que de pronto, un repentino apagón generalizado sume la ciudad en tinieblas. La oscuridad mantenida a raya mediante la magia blanca, o luces eléctricas si preferís, se hace reina de las calles y así comienza el fin de la humanidad
Nuestros protagonistas, una quiropráctica, un reportero infiel, un encargado del proyector de una sala de cine y un niño, se despiertan rodeados de negrura para descubrir aterrorizados como todo aquel que se vea desprovisto de luz desaparece, literalmente, no dejando más que sus ropas detrás. Las sombras son amenazantes, la civilización parece haber sido desmantelada en tan solo unas horas, la tecnología casi inservible; incluso el sol, agotado, ve su ciclo alterado ofreciendo escasas horas de luz al día.
¿Por qué está pasando todo esto? ¿Por qué la oscuridad ha decidido no llevárselos a ellos todavía? Las preguntas bullen en las cabezas de los escasos supervivientes, mientras desconcertados buscan un rincón iluminado que los mantenga a salvo de esos susurros emanando de las tenebrosas calles. Sin aparente posibilidad de salvación, reflexionan en pequeños grupos, al abrigo de alguna pobre luz, sobre el lugar que ocupan en el mundo y si la aparente oportunidad de sobrevivir en esta nueva era lóbrega es una bendición o una maldición…

Vanisihing on 7th Street, de mejor o peor forma, es una película existencialista. Y para acercarse a esta afirmación lo primero es conocer la recomendable obra cinematográfica de Brand Anderson, su director.

Lo mejor: La interesante idea original, la atmósfera siniestra de un mundo envuelto en sombras vivas y el esfuerzo de los actores

Lo peor: El escaso carisma de los personajes: se tenía que haber profundizado más en su personalidad, la historia podría dar más de sí


127 Horas

Viviendo lo más cercano a un infierno esclarecedor

127 Horas

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127 Horas

AVISO PARA DESPISTADOS
Partiendo de que la historia real en que se basa la película es de sobra conocida, y si no lo era, la publicidad está en ello, he preferido hacer la reseña “destripando” algunas partes importantes. Por ello, el que desconozca aún lo que sucedió, el devenir de los hechos y el propio desenlace, es mejor que deje estás líneas para cuando termine el visionado.

Danny Boyle es uno de esos directores que, pese a llevar una carrera irregular e impredecible, siempre son interesantes. Al fin y al cabo, todo tiene su conexión. Boyle es irregular, pero se arriesga en cada nuevo proyecto. De ahí que también sea impredecible y, por tanto, interesante de seguir. Sus inicios fueron portentosos. Tras la muy interesante opera prima Tumba abierta (Shallow Grave, 1994), se sacó de la manga uno de los iconos del celuloide (y más allá de él) de los noventa. Hablo, por supuesto, de la obra maestra Trainspotting (1995). Pese a que después diese un bajón con la aburrida Una historia diferente (A Life Less Ordinary, 1997) o con la, dicen, fallida (desde mi punto de vista algo infravalorada) La playa (The Beach, 2001), volvió a demostrar talento, potencial visionario y un estilo dinámico con el sleeper 28 días después (28 Days Later, 2002). Y en a los años más recientes que preceden a este 2011, entre otras propuestas “menores” aunque interesantes, se apuntó su primer mehahit con la curiosa Slumdog Millionaire (2008). Carrera interesante, ¿verdad? Pero un servidor echaba de menos, no el talento, pues lo sigue teniendo, pero sí el toque especial, mágico, como se quiera denominar, que sentía al ver una cult movie en potencia como Trainspotting. Ese día ha llegado.

Lo mejor: Prácticamente todo. La dirección de Danny Boyle, la interpretación de James Franco, la selección de canciones, lo respetuoso del guión tanto para el Aaron Ralston real como para nosotros, los espectadores, la fotografía, los efectos de maquillaje...

Lo peor: Se me ocurre poca cosa. ¿Qué Trainspotting siga siendo jodidamente insuperable? ¿Pero eso que tiene que ver con 127 horas? Nada, pues todos a verla de cabeza.


Beach Creature

Trikinis ensangrentados en las playas de Indonesia

Beach Creature

Cuando uno presenta una noticia bajo la sombra de semejantes… fotogramas, no puede más que pedir disculpas al encantador sector femenino de Almas Oscuras por traer novedades de baja estofa cuyo único interés son los cuerpos (mayoritariamente de mujeres) de buen ver y cuatro escenas divertidas, a la par que gratuitamente sangrientas, con un monstruo “muerde culos”. Dejando a un lado la eterna polémica de que sexo muestra más sus encantos en pantalla, Beach Creature se trata, obviamente, de una explotación directa de Piranha 3D, cuya reseña pronto publicaremos en ésta vuestra playa. Así que estamos ante una serie “B” cuyo verdadero protagonista debería ser la criatura marina carnívora diseñada con más imaginación que presupuesto; un proyecto (casi) digno de la propia Asylum, pero con un toque exótico: su procedencia, ni más ni menos que Indonesia.

Seconds Apart

Marchando otra ración del After Dark Originals

Seconds Apart

Seth y Jonah son gemelos… además de un par de asesinos despiadados. Condenados desde el mismo día de su nacimiento, los hermanos poseen poderes telequinéticos que suelen utilizar de las formas más terroríficas que podamos imaginar. Cuando algunos de sus compañeros de estudio conozcan un destino sangriento, un investigador local sospechará que los hermanos andan detrás de tan terribles asesinatos. El desenlace enfrentará a los dos hermanos en una cruenta batalla… el mal contra el mal.