Death and Cremation

Un serial killer quemado

Death and Cremation

Jarod… ese chico marginal del instituto. Huérfano de padre, harto de aguantar al maltratador novio de su madre, agobiado por vivir en una caravana e ignorado por cualquier chica que se precie; solo encuentra solaz en el color negro… su ropa, sus uñas, su cabellos… siempre negro: “Emo style”
Casualmente conoce a Stan, el dueño de una funeraria, que le invita a unirse a él como aprendiz. Pronto, Jarod descubre que su verdadera vocación se encuentra entre los restos mortales de los vecinos del villorrio donde agoniza su juventud. Envueltos por los vapores del formol y el aroma inconfundible que emana del horno crematorio, Stan y Jarod se revelan como el profesor y alumno perfectos; su asignatura es la muerte y nadie cancelará el curso, bajo riesgo de acabar ocupando la bandeja del incinerador…

Gen

Un serial killer chiflado

Gen

Nadie en su sano juicio puede negar los efectos de la consabida globalización, pero igual que soportamos estoicos la deleznable visión de un odioso McDonalds junto a la bella esfinge de Gizeh, es un decir; el mundo interconectado de hoy nos permite acceder a creaciones artísticas de cualquier rincón del globo. Y en el caso que nos interesa, el cine de terror, no iba a ser una excepción, así contamos con recientes muestras como Rabies o Evil.

Some Guy Who Kills People

Un serial killer gracioso

Some Guy Who Kills People

Siempre es agradable traeros noticias, más si cabe cuando son buenas noticias. ¡¿Y cómo no iba a serlo el regreso al cine de género de una figura emblemática como John Landis?! La única pega que podríamos ponerle a este retorno es que no se produzca detrás de las cámaras si no únicamente como productor ejecutivo. Sin embargo, el producto no puede pintar más interesante:

Safehouse

Mi amigo el robot asesino

Safehouse

He de confesar una malsana afición a las películas de “engendros mecánicos”, esos robots desmelenados que se cargan a todo bicho viviente que se ponga por delante, incluso si es su creador (alegoría nietzscheana capturada de forma definitiva en la magistral Blade Runner). No en vano me amamanté cinematográficamente a la sombra de una década, los ochenta, donde la fiebre “terminator” creó una nueva forma de entender el cine de acción fantástico; un espíritu malsano, claqueteante y punk que hunde sus profundas raíces en glorias como Robocop, Hardware, Soldado Universal o en el abuelo Hal-9000. A su vez, esta trasgresión cibernética tampoco le hizo ascos a la serie B más rancia, especialmente a “la caspa de la mia mamma”, o la explotation italiana para más señas, que colmó de replicas robóticas las estanterías de los video-clubs ochenteros, llegando a cristalizar en la delirante Shocking Dark (estrenada en España como Terminator 2), una mezcolanza de Aliens y Terminator que tarde o temprano será encumbrada al olimpo del cine fantástico.