Has filtrado por autor: Javier Parra

Into the Mud

En lo profundo del bosque

Into the Mud

Into the Mud supone el primer cortometraje en la carrera de María Forqué, hija de Verónica Forqué y Manuel Iborra, así como su primera incursión en el mundo del terror, demostrando que las scream queens patrias no tienen nada que envidiar a las internacionales. Dirigido por Pablo S. Pastor, su argumento cuenta lo siguiente:

Una joven se despierta herida en pleno bosque. Aturdida, verá como su única compañía es la de un cazador que parece no tener muy buenas intenciones. A partir de entonces, sobrevivir se convertirá en su máxima prioridad.

Bite

No es solo una picadura

Bite

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3/5

Bite

No es de extrañar que uno de los mejores ejemplos de body horror del año proceda de Canadá, pues no está de más recordar que uno de los cineastas que más han discernido en tanto en cuanto a la destrucción del cuerpo humano en el celuloide, es el canadiense David Cronenberg. En esta ocasión es un compatriota suyo, Chad Archibald, el encargado de presentarnos esta nueva descomposición fílmica, uno de los platos fuertes de esta temporada.

Bite es el quinto largometraje como director de Archibald, realizador de las recientes The Drownsman, aquel slasher sin nada de sangre pero con mucho agua, y Ejecta, ciencia ficción low cost que cuenta con el guion de Tony Burgess, con quien el realizador canadiense ya ha formado equipo en varias ocasiones, pues en su currículum consta el haber ejercido como productor de Septic Man (Jesse Thomas Cook, 2013) y Hellmouth (John Geddes, 2014), ambas escritas por Burgess. Podemos establecer que Chad Archibald es uno de los nombres que más suenan en cuanto al fantástico que se realiza en Canadá, no únicamente por los ejemplos citados, sino porque también es guionista y productor de Antisocial (Cody Calahan, 2013) y su inminente secuela, Antisocial 2 (Cody Calahan, 2015), además de tener un par de proyectos más de terror ya anunciados.

Lo mejor: la metamorfosis y el nido.

Lo peor: la falta de profundidad en todos los secundarios.


Zombi d'Or

Muertos vivientes con dentadura postiza

Zombi d'Or

Una friki de Star Wars. Un kany flamencorro. Zombis de la Tercera Edad. Y Bahía d’Or. ¿Que qué sale de todo esto? ZOMBI D’OR: la primera historia de muertos vivientes con dentadura postiza.

Especializado como guionista en la ESCAC, Fernando Polanco, originario del Puerto de Santa María, cursó un master en la escuela cubana EICTV para después volver a España y pasar unos meses en Filmax, tras los cuales volvería a cruzar la frontera al obtener la prestigiosa beca Four Corners del programa europeo Media. Actualmente se encuentra desarrollando multitud de proyectos cinematográficos, teatrales y literarios, de los cuales, Zombi d’Or es su primera novela. ¡Y qué debut!

La oleada de literatura zombi vivida en estos últimos años nos ha regalado muchas obras clave que han sido las que han logrado sustentar un subgénero que triunfa más allá de las letras. Novelas gráficas, series de televisión, cómics bajo el sello del maestro Romero (padre del no-muerto contemporáneo) y un sinfín de producciones para pantalla grande y el mercado doméstico, son ejemplos del éxito sin parangón de una temática que, hasta hace apenas un lustro, podía considerarse de consumo casi exclusivo para aficionados más acérrimos al cine de terror y frikis en general, adjetivo antaño usado con connotaciones despectivas y hoy en día autoproclamado por más de uno que se cree serlo y no lo es. Porque el friki no se hace: se nace. Y un claro ejemplo es la Leia protagonista de este Zombi d’Or.

Starry Eyes

El precio de la fama

Starry Eyes

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 4/5

Starry Eyes

Hollywood, cuna de estrellas; fábrica de sueños para algunos y fuente de pesadillas para otros. El lado oscuro de la meca del cine queda plasmado en esta alegoría del éxito y la fama, centrándose en la vileza del ser humano y la lucha descarnada por el ascenso al estrellato, una lucha que en el caso de Starry eyes es más interior que exterior.

El dueto compuesto por Kevin Kölsch y Dennis Widmyer, compone una historia de la que, además de dirigir, también escriben, en lo que puede considerarse uno de los descubrimientos más atractivos del cine de terror del presente milenio. Debutando en 2003 de forma conjunta con el documental Postcards from the Future: The Chuck Palahniuk Documentary, sobre la figura de uno de los máximos exponentes de los novelistas de la Generación X (y escritor fetiche para quien esto escribe); y con otro largometraje a sus espaldas, Absence (2009), no ha sido hasta este pasado 2014 que el reconocimiento no ha llamado a la puerta de este tándem de realizadores.

Comparados con otro duplo de directores como Julien Maury & Alexandre Bustillo (sin ir más lejos, la dirección de la nueva Leatherface contaba entre sus opciones la de Kölsch/Widmyer o la de Bustillo/Maury, siendo los franceses quienes finalmente se han hecho con el proyecto), queda claro que, tal y como han demostrado con el resultado en Starry eyes, su nombre sonará durante los próximos años en el cine de género, de eso no cabe duda. Mientras que en el cine de los galos pueden verse claremente las referencias al cine de los ochenta y a Carpenter, Argento y Polanski; en Starry eyes se evoca a las películas sobre sectas de los años setenta y a una especie de simbiosis entre Cronenberg y Lynch.

Lo mejor: la interpretación de Essoe y la magistral banda sonora.

Lo peor: el prólogo, un tanto tedioso.