Dios sabe que soy un apasionado del cine de bajo presupuesto, amante de la serie z más casposa y seguidor acérrimo de Uwe Boll, entre otras muchas rarezas. No es que muchas de estas obras las catalogue de obras maestras, sino que simplemente con pasar un buen rato, a veces, tengo suficiente (ojo que cuando me encuentro una obra maestra me emociono como el que más). Pero todo tiene un límite, y hay películas que lo sobrepasan en cantidad, como en el caso de Slices of Life. Y es que para llegar a los astros a veces se tiene que pasar por unos caminos muuuuy ásperos.
Cuatro años para terminar la película, cuatro días para terminar de verla. El primer segmento de Slices of Life, W.O.R.M., se estrenó en el 2007 cosechando buenas críticas y algún que otro premio en los festivales donde se proyectaba. A partir de entonces decidieron estrenar otros dos cortometrajes, uno por año, para finalmente en el 2010 reunirlos todos y crear la aberración de la cual estoy hablando.
Lo mejor: Que me lo haya pasado mejor haciendo la reseña que viendo la película y eso me sabe un poco mal.
Lo peor: Todo, en especial los actores.