Apocalypso
Ración triple del Fin del Mundo

Arriba en lo alto se divisan cuatro jinetes, figuras espectrales que anuncian El Fin del Mundo. Les acompañan lúgubres fanfarrias y alaridos de dolor, la llamada a la recapitulación, el hermano se vuelve contra el hermano y los ríos descienden carmesíes hasta los mares y océanos hirviendo. Haz las cuentas, el juicio final nos espera a todos y no ha sido la naturaleza hastiada vomitando la enfermedad que le hemos inoculado, ni los misiles preñados de muerte, ni Ángeles exterminadores envidiosos de la menor de las creaciones del Señor. Rezad a vuestros ancestros, porque el culpable es el cine y de esta no nos salva ni Bruce Willis.
En los ochenta fue el horror nuclear el que impregnó de muerte y destrucción las pantallas de las salas de cine. Pero esto ya venía de largo, puesto que las productoras norteamericanas no cejaron de introducir propaganda, miedo para el pueblo, desde principios de los sesenta. Con Nixon al frente del país, la ciencia ficción estadounidense se convirtió en el medio más adecuado para bañar de terror al currito medio; eso sí, de forma más bien pedestre, no abandonando esta puerilidad hasta entrados los setentas (La Amenaza de Andrómeda – 1971 – o El Alimento de los Dioses – 1976 -).


