Comforting Skin

Debajo de tu piel morena

Comforting Skin

Koffie es una mujer insegura con graves problemas sociales: incapaz de entablar relaciones sanas, vive entre el deseo de su propia muerte y la necesidad de sentirse querida. A la sombra de un ex-novio problemático, una amiga ego maníaca y un amigo antisocial que ejerce de conciencia ocasional; una noche decide subirse el ánimo haciéndose un tatuaje especial. Sin embargo, la depresión siempre anda mordiéndole los talones y, al poco, intenta cortarse las venas para poner fin a su solitaria y manipulada vida. En ese momento el tatuaje se revela como una entidad viva que desea ayudar a Koffie guiándola en la auto confianza y el hedonismo, así comienza una surrealista y placentera relación entre nuestra protagonista y un tatuaje con oscuras intenciones.

La Busqueda

Una herencia de horror y sufrimiento

La Busqueda

En la Nueva Inglaterra de 1924, cuando en los usos y costumbres conviven todavía rémoras del pasado con el inicio de la modernidad, un joven tímido y solitario, atraído por el ocultismo y a la búsqueda de sus desconocidos orígenes maternos, se encuentra con un extraño misterioso que le empujará a increíbles revelaciones al respecto.

La breve sinopsis de La Búsqueda revela tan solo la punta de un hermoso iceberg y, probablemente, una de las mejores muestras de lovecraftiana escritas en España de forma independiente. Cuando digo “independiente” quiero decir que, a través de la Editorial Círculo Rojo, Beatriz T. Sánchez, una bella gallega cuya vocación natural es la literatura en cualquiera de sus ramas fantásticas, autoedita su debut como novelista con el consabido esfuerzo personal de redacción, corrección y económico.

The Perfect Host

¿Prefieres vino blanco o tinto?

The Perfect Host

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The Perfect Host

1.-No se lo cuentes a nadie…:

Lo mejor: El duelo interpretativo y el maravilloso guión

Lo peor: Ese puñetero detallito del que no os puedo decir nada...


Brain Damage

De penes-mojones agresivos y estanterías de video club

Brain Damage

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Brain Damage

No se si os habréis fijado, pero ¿no os parece mejor el cine casposo de los setenta y ochenta que el de los noventa para arriba? Puede que sea una cuestión nostálgica, pues el que suscribe es uno de esos nacidos a principios de los ochenta al que le pillo de cerca la movida de las series b y z de video club en aquel mítico (no tanto añorado) VHS. Recuerdo, como recordareis los de mi quinta o anteriores, aquellas estanterías en las que podías encontrar roñosos subproductos que, nunca nos preguntamos el motivo, para el aficionado loco que llevábamos (y llevamos, quiero pensar) dentro, tenían encanto. Si, aquello de ir al video club del barrio y tirarte una hora mirando estanterías y hurgando en los carros donde metían la mugre que ya nadie alquilaba, en los que podías llevarte tres o cuatro películas por quinientas pesetas. Que tiempos. Snif, snif.

Todo esto viene a cuento porque la película que nos ocupa es una de las cumbres simbólicas de dicho periodo. No porque sea de las mejores, ni de las peores. No porque sea una maravilla o porque su culto actual sea injusto o merecido. Más allá de todas esas cosas, relativamente triviales, encontramos el verdadero quid de la cuestión: es una genuina película ochentera de carátula y video club. Es lo que los peli-birreros disfrutaban en aquella época y probablemente seguirán disfrutando ahora. Los peli-birreros más jovenzuelos de este nuevo siglo puede que encuentren más gracia y disfute parodiando a su modo las películas de Michael Bay o Roland Emmerich. Eso, creerme (los nuevos), no es nada en comparación con el sano ejercicio de tumbarte en el sofá y comprobar, sin juicios ni parodias, el delirius tremens que se marcaron algunos cutre-directores con cutre-presupuestos y, sin embargo, un talento inusual dentro de tanta miseria. Si no fuese así, si no tuviesen dicho talento, ¿se hablaría más de dos décadas después de algo como Brain Damage?

Lo mejor: El talento del director para crear una convincente unión entre lo macabro y sórdido con lo de cómico e hilarante. También, las dos formas en las que se puede leer un guión con más sustancia de lo que parece.

Lo peor: Algún tramo irregular en el que se pierde el ritmo y algunas interpretaciones poco menos que espantosas, aunque eso era de esperar.