Me gustaría dedicarle esta reseña a Roger Tapia, increíble persona y mejor amigo. Él compartió conmigo las andanzas del cimmerio.
Esta reseña parte de un placer culpable, dicho placer son las historias nacidas, hace poco menos de un siglo, de la mente de Robert E. Howard. Más en concreto las que refieren a cierto bárbaro que llegó a ser rey y cuyos sombríos ojos, enmarcados por una negra melena, contemplaron y protagonizaron el devenir de la Era Hiboria: Conan, él de Cimmeria. El género de Espada y Brujería (termino acuñado por uno de sus exponentes más perfeccionistas, Fritz Leiber) vendría a narrarnos historias fantásticas en un hipotético medievo o era pretérita, plagada de peligros en forma de monstruos primigenios, malvados hechiceros contrahechos y bellas mujeres más peligrosas aun… todo ello desprovisto de la épica de otras narraciones fantásticas al estilo de El Señor de los Anillos. Si algo diferencia a la Sword and Sorcery, también llamada por un servidor Dark Fantasy, de otros géneros hermanos, es lo despiadado de su entorno, lo crepuscular de sus héroes (en su mayoría ladrones y aventureros que venderían a su madre por un pieza de oro) y lo exótico de sus entornos que muestran un mundo hostil donde solo la magia y el acero permiten la existencia de ciudades y reinos.
Lo mejor: El acto donde Conan es un niño, el vestuario y algunos decorados
Lo peor: El guión casi inexistente, el exceso de luchas y un 3D llamado estafa