Heroína cortada con sopa de aleta de tiburón
Un grupo de traficantes de heroína sufren un accidente que los deja tirados junto a una plataforma petrolífera. Para su sorpresa, en aquellas instalaciones parece que han tenido lugar experimentos de dudosa catadura moral. El resultado de uno de estos experimentos es Charlie, una criatura que no cuenta con ángeles a su disposición, pero sí la capacidad de mutar y absorber la mente de sus víctimas. Aunque hasta los monstruos tienen malos hábitos que satisfacer…
Bob Keen, el británico detrás de los efectos especiales de docenas de cintas de género (Waxworks, Razas de Noche, Los Inmortales o Yo compré una moto Vampiro), tuvo la brillante idea de colocarse tras las cámaras para adaptar una novela de terror y gotas de ciencia ficción llamada “Slimer”, escrita por John Brosnan – que también se encargo de su adaptación, quedando lo suficientemente escaldado para nunca volver a involucrarse con el mundo del séptimo arte –. El resultado, parido en 1995 y bastante ignorado en España, es digno de recuperarse aquí. Y no solo por tratarse de un revival interesante o como mero híbrido psicotrónico de Alien y La Cosa que es; si no también por sus altas dosis de caspa. Una caspa como solo los productos de terror rodados en los 90 pueden ofrecernos. Desconozco si Proteus llegó a estrenarse por salas de cine en su Inglaterra natal, su aire a telefilm barato lo condenó internacionalmente a las estanterías de escasos videoclubs – establecimientos que ya mostraban signos de agotamiento cuando se estrenó la cinta en cuestión – y a las emisiones televisivas.
Lo mejor: Los efectos especiales y Charlie, un villano único con unas aficiones muy yonkies.
Lo peor: Los diálogos, por mucho que sean para partirse, pueden hacerse aburridos al principio de la película.