¿Para esto salgo del Infierno?
Un grupo de policías prepara el traslado en su vieja comisaría. La noche se predecía tranquila hasta que unos agentes llevan a un muchacho que creen mató a su novia. En medio del interrogatorio se presenta un extraño con la cabeza de la chica asesinada. El siniestro personaje jura y perjura ser un demonio cuyos crímenes se remontan a los primeros pasos de la civilización. Los policías pronto descubrirán que aquel tipo no es solo un chalado y que busca una retribución entre alguno de los presentes.
¡Qué dura es la vida de aquel que persigue la serie B y el cine de terror más “recóndito”! Espero tener algún día hijos, entre otras razones, para poderles decir: “ni se os ocurra meteros en el mundillo de las películas cutres de terror”. Al menos, eso debería decirles si juzgase a este estilo de producción por Inkubus. Un desastre en toda regla, y ni siquiera lo suficientemente gracioso como para aprovecharlo como una película casposa al uso. Bueno, cierto es que existen momentos de tanta vergüenza ajena que es imposible no reírse a su costa. Por ejemplo, las miradas que lanza el joven acusado de matar a su novia, ¡sublimes! Aunque por desgracia, la película se obstina en tomarse demasiado en serio. Pero claro, cogiendo con pinzas cada uno de sus apartados, porque pese a que demuestra algo de sordidez, merced a un par de momentos macabros, casi todo invita a cerrar los ojos y sumergirse en un sueñecito reparador.
Lo mejor: Robert Englund, él solo vale 20 puntos.
Lo peor: Si tuviese que elegir entre tanto malo, me quedaba con los CGI, de - plo - ra -bles.