Un intenso drama terrorífico
Me gustaría agradecer de corazón la buena disposición del director/guionista de Pretty Dead, Benjamin Wilkins, y de su productor/guionista, Joe Cook, por hacerme llegar una copia de su largometraje debut, para dar a conocer al público de habla hispana una muestra de lo grande que puede llegar a ser una obra pequeña. Más allá del privilegio personal de conocer a Joe y Benjamin, queda el privilegio de traeros en exclusiva, al menos en castellano, la reseña de una cinta profunda y emotiva, que espero de mucho que hablar en un futuro cercano. Precisamente por su condición de premisa espero que disculpéis mi falta de concreción a nivel argumental, evitemos pues incómodos destripes.
¡Que mala es la cocaína! Después de una noche de capricho, Regina se encuentra muy mal algo ha cambiado dentro de ella. Cree que algo le pasa a su cerebro, a su físico que empieza a corromperse destrozando su belleza. ¡Ella que lo tenía casi todo! Un novio cariñoso, unos buenos amigos, una carrera profesional por delante… Ahora, ese pequeño exceso pude dar por tierra su mente, a su familia, su amor. Mientras la carne fresca se va haciendo más tentadora ella intentará averiguar si se está volviendo loca o se está convirtiendo en un… un… un muerto viviente.
Lo mejor: Carly Oates, increíble como nos lleva hasta su personaje desarmando cualquier reticencia inicial. Es muy fácil sumergirse con ella en el amplio rango de emociones que despliega con intensidad.
Lo peor: Algunas tomas no alcanzan el realismo que se quería conseguir con el “falso metraje”, el maquillaje a veces también resta esa verosimilitud que es la base del disfrute del espectador.