The Apparition

Si crees en ellos... estás jodido

The Apparition

Cuando aterradores acontecimientos empiezan a ocurrir en su casa, Kelly y Ben, una joven pareja, descubren que están siendo acosados por una extraña presencia invocada, accidentalmente, durante un experimento parapsicológico llevado a cabo en la universidad. La presencia les atormentará a todas horas y en todas partes, alimentándose de sus miedos. Su última esperanza es Patrick, un experto en temas sobrenaturales; pero incluso con su ayuda puede que ya sea demasiado tarde…

Sitges Z

El cortometraje SitgesZ necesita tu apoyo

Sitges Z

Imaginad un proyecto que convierta al Festival de Sitges en el escenario de una ficción en la que los zombies sean los protagonistas. Una zombiewalk que traspase el umbral y se adentre en lo cinematográfico. La idea de que tú, fanático del género y asiduo al certamen, te tropieces con el ataque putrefacto de una horda de muertos vivientes que inundan las calles del pueblo costero. Que se fusionara el imaginario zombie con la realidad y que desde el Auditori hasta Miramar no hubiera un lugar seguro al acecho del ataque de esos seres ansiosos por destripar.

Esa es la base de la idea del director Rubén Jiménez Sanz y el guionista David Labe, junto a un grupo de profesionales del sector audiovisual. Los cimientos de un cortometraje que recree, parodie y homenajee al público y a las situaciones típicas que se dan a lo largo del certamen. Desarrollado todo en un plató de lujo: el mismo festival.

Veritas

¿Tú sabes quien soy?

Veritas

Supongo que muchos de vosotros conoceis el término crowdfunding o micromecenazgo. A grandes rasgos es algo así como un sistema de financiación consistente en utilizar la web y las redes sociales para atraer a pequeños inversores que contribuyan con sus aportaciones a sacar adelante un determinado proyecto a cambio de una serie de recompensas.

Hasta el Final

Un entretenimiento macabro de Jorge P. López

Hasta el Final

Hundo mis manos muy dentro de esta ponzoña oscura. Apenas puedo distinguir los bordes del charco, la tenue iluminación amarillenta, que proyecta la diminuta bombilla del techo, hace casi un milagro distinguir detalles como los colores o las formas. El hedor metálico es insoportable hasta para mi apagado sentido del olfato, así que trago aire a través de la boca. Cortas bocanadas calientes que ponen a prueba la resistencia de mis pulmones, ¡pobre órgano castigado a lo largo de tantos años sirviendo en un club de fumadores! Mis pensamientos divagan intentando esquivar las sensaciones que la piel de mis manos emite en alaridos sinápticos. Suave, resbaladizo, húmedo: el charco no puede menos que provocar nauseas. ¿Qué serán esas motas negruzcas que flotan y se pegan a mi muñeca desnuda como garrapatas? Tal vez sean monstruitos de mi imaginación. Debo concentrarme o acabaré vomitando lo que hace días no como, mirar la cremosa superficie ondulando, a consecuencia de mis indagaciones, será un seguro detonante. Vomitar es un lujo que no puedo permitirme, necesito las escasas calorías que aun almacena mi menguante tejido adiposo y no sé cuanto tiempo más pasaré en la celda. Si encontrase la llave pronto tal vez tuviese alguna oportunidad, pero por mucho que remuevo el blando fondo de aquel diminuto lodazal no doy con la pieza metálica que la mulata había tirado mientras se burlaba de mi.

De haber sabido que terminaría en una situación tan comprometida nunca hubiese seguido aquel culo, pero si todos supiésemos como iba acabar un arrebato sexual probablemente nacerían menos niños. Aquella impresionante mujer de piel color crema, pelo afro y ojos verdes me encandiló con solo su vertiginoso escote trasero. Llevaba un traje dorado que el mismísimo Marqués de Sade consideraría obsceno, el traje era completamente abierto hasta la frustrante unión que impedía disfrutar de la sabrosa carne de sus nalgas. En perfecta soledad, sentada sobre el borde de un butacón desgastado, presumía de una espalda perfecta que retorcía para llamar la atención de los hombres allí reunidos, que eran todos los presentes menos ella. Sin embargo, cuando apuraba las heces del segundo puro me lanzó un guiño cómplice y señaló la salida con una sonrisa.