Entrevista al director de Cell Count

Todd E. Freeman se somete a nuestro interrogatorio

Entrevista al director de Cell Count

Continuamos con buen ánimo la serie de entrevistas que el presente año hemos ido realizando a directores independientes, pero de sobrado prestigio, como Norberto Ramos del Val, Adam Mason, Lucas Pavetto, Sean Branney, Benjamin Wilkins y Joe Cook o Matt Farnsworth.

En esta ocasión le toca el turno a Todd E. Freeman que, pese a no ser muy conocido entre los amantes del fantástico, ha terminado de rodar este año la muy esperada Cell Count. Aunque solo hemos podido disfrutarla unos pocos, os aseguro que basicamente se trata de una vuelta al terror despreocupado que siempre ha practicado, por ejemplo, John Carpenter, pero cuya característica principal sería su brillante habilidad para jugar con las emociones del espectador, sin tomarlo por tonto. Toda una rareza en los tiempos que vivimos.

Pues bien, el director oriundo de Oregón ha querido someterse a nuestro tercer grado (¡hay quienes todavía no nos tienen miedo!) y a continuación podréis leer su entrevista. Al final de la misma, y como puesta de largo para la ocasión, Todd nos regala un nuevo tráiler de su magnífica obra, recién salido del horno. Así mismo, tenéis más enlaces con información adicional junto a la entrevista. No os olvidéis de visitar de vez en cuando la página oficial de Cell Count para más novedades, así como solicitar a voz de grito que Sitges admita el trabajo de Todd entre sus exhibiciones de 2012. Es la oportunidad más directa y rápida para poder disfrutar en España de una película que dará que hablar entre los aficionados del género.

ENGLISH VERSION OF THE INTERVIEW HERE

Deranged

Apología del turismo rural en España

Deranged

Cuatro chicas se disponen a pasar un divertido fin de semana celebrando una despedida de soltera en una casa de campo. Lo que no saben es que alguien las está esperando y ha hecho planes para ellas. La verdadera fiesta empieza cuando un misterioso asesino empieza a elminarlas una tras otra.

Cuatro chicas realmente atractivas dispuestas a correrse una gran juerga en una casa rural aislada y situada en mitad de la nada. Y encima en España… Desde luego hay quiénes nunca aprenderán…

El británico Neil Jones, autor de la esperada The Reverend, dirige Deranged, slasher de corte tradicional rodado en tierras españolas (perdonadme, pero todavía no me ha quedado del todo claro si la película es de nacionalidad española, a pesar de que sé que buena parte del equipo de producción es español), y cuyo guión firma un compatriota: Oscar Carrión.

Primogénito

Un cuento aterrador de Lady Necrophage

Primogénito

Este relato es continuación directa de Hijo Predilecto, se recomienda leer la anterior parte antes de continuar la inmersión.

VIII. DESDE EL SILENCIO

- Hijo mío, me deberé a ti hasta la irrevocable extinción de mis días…

Paulatinamente, las palabras acababan por desvanecerse, fútiles y etéreas, engullidas por la tétrica y estremecedora tenebrosidad que invadía aquella infecta habitación plagada de inmunda pestilencia e inexorable silencio.

- Hijo mío, me deberé a ti hasta la irrevocable extinción de mis días…

Una y otra vez, la constante evocación a aquella efusiva expresión conmocionaba la turbada mente del hombre solitario, mezquino y desesperado que dormitaba a intervalos en aquel desaseado cubículo colmado de aire viciado e infecto.
El cuerpo delgado y depauperado de Leo se convulsionaba, débilmente, bajo las raídas y sucias sábanas de felpa. Un sudor frío y abundante recorría sus desencajadas facciones y el resto de su espasmódica anatomía. Luchaba, de manera incesante, por abandonar aquel aletargado y zozobrante estado que estremecía su interior hasta insondables límites, por desembarazarse de aquellas odiosas fantasías oníricas que le sumían en tan sempiterna aflicción.

Y por fin, con gran alivio, comprendió que lo había logrado. Tan reiterada como empedernida entrega en aquella inflexible contienda interna había sido favorable para él y sus languidecidos párpados se abrieron de par en par liberándole, al menos durante un exiguo instante, de aquella turbadora sensación de miedo y desamparo.

Pero no tardó en advertir que lo que le esperaba tras aquel tranquilizador receso no era mucho más esperanzador. Reflexionó acerca de si abandonar su antaño desesperante estado no habría sido un consumado error en comparación al cúmulo de adversidades que parecían a punto de sobrevenirle encima y que, como ya era habitual a aquellas intempestivas horas, comenzaban a manifestarse de forma prolongada e insistente, arrebatándole la escasa tranquilidad que creyó experimentar durante aquel conciso y amable intervalo.

Escuchó, de una manera sobrecogedoramente nítida, las repercusiones provocadas por aquellos gruñidos broncos e ininteligibles a los cuales seguían unos disonantes chillidos acompañados de estrepitosos golpes que se propagaban de manera estridente a lo largo del interminable corredor principal.

Cerró los ojos y oprimió los dientes con inusitada fuerza, buscando tan solo un atisbo de pensamiento amable bajo el cual evadirse de aquella traicionera realidad. Sólo imploraba no tener que resignarse a sufrir, de nuevo, aquel calvario que tanto le atenazaba, no tener que ponerse en pie una noche más y sentir sobre su demacrada piel el aterido tacto de aquella gélida y densa madrugada tal como venía siendo común durante las interminables tres últimas semanas de su lamentable existencia.

Pero le resultaba completamente imposible ignorar aquel incesante y escandaloso golpeteo que se prolongaba, procaz y recalcitrante, a lo largo de cada una de las lacradas y pestilentes estancias y que no parecía, por ningún lado, ofrecer señales de receso o tregua.

Se desarropó a regañadientes y, con expresión de profunda pesadumbre y abatimiento, permaneció sentado en la cama durante unos minutos planteándose, a ultranza, la posibilidad de culminar con aquella avasalladora situación que mermaba tan poderosamente su apego a la vida.

De nuevo, una sucesión de estentóreos rezongos acompañados del contundente golpe de un pesado objeto percutiendo sobre el malparado entarimado, impregnaron de turbación la atmósfera, augurando un mal presagio que, posiblemente, no tardaría en manifestarse de no actuar con las debidas decisión y presteza.

El atribulado hombre hizo acopio de valor, emitió un leve resuello y saltó de la cama como movido por un invisible resorte que le instaba a cumplir su cometido, al menos en lo que se refería a aquella noche…

Tanteó durante unos leves minutos en la oscuridad, adormecido y tambaleante, hasta encontrar algo que ponerse y, raudo, se vistió con las primeras prendas que acertó a localizar en aquel caótico y tapiado agujero plagado de mugre y hediondez. A continuación, abrió el primer cajón de su mesilla de noche y buscó entre el cochambroso montón de enseres apilados, abandonados y ya, muchos de ellos, enmohecidos y deteriorados a causa del tiempo hasta localizar, por fin, el manojo de oxidadas llaves que introdujo, sin titubeos, en el bolsillo del grasiento pantalón.

Abrió la puerta de la habitación y, con expresión de atormentada resignación en el rostro, contempló la apariencia de aquel desvencijado e interminable pasillo plagado de humedades, salpicaduras a lo largo y ancho de los corroídos travesaños que conformaban la estructura de las paredes y el suelo, donde se apilaban pequeñas cantidades de desperdicios de las cuales emanaba un denso olor a rancio y podrido que tornaba la atmósfera inmunda e irrespirable, descomunales telas de araña atestadas de cadáveres de diminutos insectos e indicios, en forma de pequeños excrementos y restos de comida a medio roer, de la existencia de otro tipo de fauna de mayor tamaño que cohabitaba, libremente, entre sí, alimentándose de los disgregados despojos que se corrompían dentro del destartalado inmueble.

Aceleró el paso cuan largo se tornaba aquel pasadizo de pesadilla, tratando de ignorar, en la medida de lo posible, el asolado lugar que pisaban sus pies desde hacía ya años y que, muy a su pesar, no se determinaba a abandonar, aún conociendo los contratiempos que podría ocasionarle seguir residiendo en aquel insalubre tugurio. Esquivó, en la medida de lo posible, los malolientes residuos que se dispersaban por toda la carcomida tarima, sacó las llaves del bolsillo lo más rápido que pudo y se colocó frente a la desvencijada y decrépita puerta situada al final del sombrío pasaje que, sacudida por una persistente y sobrehumana fuerza que emitía incomprensibles y ásperos sonidos acompañados de golpes, arañazos y ensordecedores lamentos, parecía a punto de desmoronarse de un momento a otro.
Un intenso suspiro, mezcla de resignación y perseverancia, abandonó la oprimida garganta de Leo:

- Ya voy, ya voy… -, farfulló en un tono forzosamente dócil y conformista.

Paulatinamente, los golpes parecieron remitir en consonancia al resto de hostiles manifestaciones ofrecidas por la impetuosa criatura que, con celosía, se guarecía tras los postergados muros que conformaban la estructura de aquella precintada estancia, tratando de enmascarar la singular condición de su auténtica naturaleza.
Introdujo la llave en la cerradura, realizó una doble torsión de muñeca y, en un instante, se presentó en el interior del ominoso aposento, dentro del cual se entremezclaban la más que manifiesta falta de ventilación, la repulsiva esencia, presente en todo el inmueble, a materia en descomposición y los vapores irradiados por la concentración de excrementos resecos, micciones y otras salpicaduras, también de procedencia orgánica, que embadurnaban cada centímetro cúbico de aquel inmundo e inhumano cuchitril.

Se adentró en la desaseada alcoba y, temeroso, se dio la vuelta para cerrar la puerta lo más rápido que le fue posible…

The Zombinator

Habla con la mano podrida

The Zombinator

Un blogero especializado en moda ve su documental transformado en un horror zombi cuando los muertos vivientes atacan a los estudiantes de Youngstown, Ohio. Su única esperanza se encarna en un antiguo soldado metido a cazador de muertos vivientes, cuyas habilidades suponen la única defensa contra “El Coronel”, un mercenario al servicio de la malvada corporación que ha creado la sustancia que transforma a los jóvenes en zombis.

La verdad que esta película no cuenta con buenas armas para llamar la atención del público actual. A saber: una cinta de muertos vivientes de toda la vida (irónico ¡ja!) filmada mediante cámara al hombro como si fuese la prolongación de un documental de moda. Mucho debería destacar de la oleada de películas que comparten premisas y estética. Entonces, ¿por qué molestarse en colgar la noticia de algo que a todas luces parece “más de lo mismo” y, además, aparenta ser una serie B, tirando a zetosa?