Outpost Black Sun

Plegarias Atendidas

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Outpost Black Sun

Si, desde mi punto de vista, la mayor pega que se le podía poner a “Outpost” era la falta de visibilidad del enemigo sobrenatural, en “Outpost: Black Sun” el problema queda resuelto. La secuela ofrece muchas más muertes, más sustos, más sangre y, sí, también es una película mucho más alocada y descabellada que su predecesora. Es bastante difícil hablar de ella sin “spoilear” la anterior, así que si alguien tiene interés en adentrarse en la saga, es recomendable no leer esta reseña y quedarse sólo en la valoración numérica y “lo mejor” y “lo peor”.

Lo mejor: Más sangre, más muertes, más sustos.

Lo peor: A pesar de que hay más sangre, más muertes y más sustos, el terror es más infantil.


Outpost

Los bunkers siempre guardan secretos

Outpost

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Outpost

La guerra sigue siendo una fuente de horror inagotable. Son algunos ejemplos “Deathwatch” de Michael J. Basset, “Dog Soldiers” de Neil Marshall, “The Bunker” de Rob Green o la inefable ochentera “The Supernaturals”, de Armand Mastroianni. Como material narrativo, sin embargo, recibe muchas críticas: bastante horrible, dicen, es la situación real de la misma como para ponerse a fantasear sobre espíritus, zombies y demás. Y parte de razón no debe faltarles, pero lo mismo que se dice que la ciencia ficción no sirve tanto para imaginar el futuro como para entender el presente, me parece que también es lícito que el terror intente adentrarse en situaciones de por sí terroríficas para intentar comprenderlas. “Outpost” no es ni la primera ni será la última película de terror ambientada en la guerra, que plantea una historia para indagar en qué convierte un conflicto bélico a los hombres… o simplemente para inventarse una historia entretenida en un entorno propicio.

Lo mejor: Un guión trabajado y unas interpretaciones impecables.

Lo peor: Se nota la falta de presupuesto en más de un momento.


La Maldición de Rookford (The Awakening)

Típico fantasma pesado de los internados

La Maldición de Rookford (The Awakening)

La Inglaterra de 1921 se ve afectada por el tremendo dolor que deja la Primera Guerra Mundial. Florence Cathcart visita un internado para intentar explicar las extrañas visiones de un niño fantasma en el mismo. En poco tiempo todo en lo que ella ha creído se irá desvaneciendo y la fina línea entre lo real y lo sobrenatural se estrechará.

Soy el primero que se sorprende de no haber hablado antes de esta película por estos lares, de hecho roza el pecado. “Aspiro a desaparecer en el personaje”, declara la magnífica Rebecca Hall y es que en esta, según cuenta la crítica, lo consigue con creces. Es sano admitir que ciertas cosas no están del todo bien hechas, pero es mucho más sano dar a conocer las cosas que sí lo están. Si bien el trabajo de Rebecca Hall no es suficiente para hacer que La Maldición de Rookford guste a la mayoría, sí que es cierto que ha captado más de una mirada y, seguramente, esto le traerá un más brillante (si cabe) futuro. En mi opinión la película sí que tiene ese toque atrayente y morboso que busca al mezclar esas épocas antiguas con los fantasmas. Por supuesto también tiene mucho que ver el típico tema del niño fantasma, seguramente asesinado y atormentado en un pasado lejano y que vuelve para tocar un poco las narices a los vivos.

Smiley (2)

¡Sonríe!

Smiley (2)

Después de descubrir una leyenda urbana, según la cuál un asesino en serie demente – llamado “Smiley” – puede ser invocado a través de Internet, la mentalmente frágil Ashley deberá decidir si está perdiendo la cabeza o convirtiéndose en la siguiente victima del misterioso asesino.

Como bien comentaba hace un tiempo el gran Bob, Smiley se caracteriza por el carisma que necesita un slasher. Nos encontramos ante un género sobre-explotado hasta reventarnos los sesos, por lo tanto los creadores se ven en la obligación de innovar. ¿Cual es la mejor manera de hacer esto? “Fácil”, básicamente buscando asesinos nuevos y que puedan interesar, sorprender o asustar al espectador (sobre todo esto último). Véase: el muñeco Chucky que tantas pesadillas causó a un servidor hace unos cuantos años ya, el mítico Michael Myers de Halloween o el rocambolesco Gingerdead Man de Charles Band. Los ingredientes necesarios son: un aspecto “especial”, una “creación” terrorífica – ya sea por un pasado espeluznante, por pura posesión de espíritus o por un accidente radioactivo – y, por supuesto, un historial muy extenso de asesinatos perpetrados. La verdad es que así suena muy sencillo todo, pero en la práctica todo se complica, sobre todo si la idea es hacer una película completa en torno a dicho personaje.