Lilith

La exención es un camino poco frecuentado por la multitud

Lilith

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3.5/5

Lilith

Lilith es la nueva creación del director Sridhar Reddy, cuya edición en DVD se puso a la venta a finales del año pasado. Antes de empezar esta reseña debemos dejar claro que Lilith es una adaptación libre de Infierno, la primera parte de La Divina Comedia de Dante. Que la película sea fiel o no a la obra de Dante es lo de menos (evidentemente estamos hablando de una adaptación libre); pero el concepto de partida es el mismo. Tampoco creo que sea necesario haberse leído el libro, pero sí conviene tener una idea más o menos clara sobre el contenido de La Divina Comedia; por lo tanto permitidme que haga un pequeño inciso acerca de la obra de Dante (concretamente de Infierno) antes de empezar con la reseña de la película, para refrescaros la memoria a todos aquellos que os la leísteis en su momento y para “aleccionar” a todos aquellos que renegasteis de ella (para que engañarnos…, no es una lectura fácil).

Breve inciso literario

Lo primero que debemos entender de la obra de Dante es que no es tan solo una obra historicista decimonónica de carácter metafísico, sino también un relato personal y de reminiscencias autobiográficas; eso explica porqué es el propio Dante quien protagoniza su obra. También recordaros brevemente quién es “Beatriz Portinari”: Beatriz, que desgraciadamente falleció muy joven (a los 24 años), fue el gran amor de Dante. Éste fue incapaz de superar la muerte de Beatriz, sencillamente porque seguía queriéndola tanto postmortem como la quiso premortem. Y de esta manera se convertiría en un personaje clave a lo largo de su travesía por el Infierno.

La gran inspiración de Dante, a la hora de escribir Infierno surgió durante la batalla de Monteperdi, batalla que Dante describió como una “masacre lucrativa”. Dígamos que el conflicto fue algo así como su guía. Y claro, al ponerse fin al conflicto, Dante puso fin a su Infierno.

Lo mejor: Lilith es belleza pura, tanto visual como argumental.

Lo peor: no habría estado mal que hubiese sido un poco más explícita en determinados momentos.


Kiss of the Damned

Chúpame hasta la última gota de sangre

Kiss of the Damned

Djuna es una hermosa vampiro que vive en una espléndida mansión en Connecticut. Conoce a Paulo, un guionista que se enamora perdidamente de ella. Djuna no quiere arrastrarlo a un destino que, por otra parte, se antoja inevitable; pero finalmente acaba cediendo a la pasión. Cuando su hermana Mimi irrumpe en escena, la historia de amor entre Djuna y Paolo y la comunidad de vampiros, estarán en serio peligro de extinción.

Xan Cassavetes, hija menor de los míticos John Cassavetes y Gena Rowlands, ha escogido una película de temática vampírica con ecos a El Ansia (The Hunger, 1983) del malogrado Tony Scott, para llevar a cabo su debut cinematográfico. La pequeña del clan Cassavetes nos contará en Kiss of the Damned una historia repleta de vampiras, sangrientos mordiscos y sexo (supongo que al estilo norteamericano… “mucho ruido y pocas nueces”), que contará con la presencia de la televisiva Joséphine de La Baume (Gossip Girl) y Milo Ventimiglia (The Divide) en los papeles protagonistas.

El Mito del zombi (II)

el cambio estético del zombi entre los 50’s y 60’s

El Mito del zombi (II)

«Pero revivirán tus muertos, los cadáveres se levantarán; se despertarán jubilosos los habitantes del polvo y los muertos resurgirán de la tierra.»
Isaías 26: 19

«They’re coming to get you, Barbra…»
de la escena inicial de Night of the Living Dead (1968).

Tumbas removidas…

Si pensamos en los pilares que conforman el terror moderno, seguramente entre espíritus y psychokillers también aparecerá la figura del zombi. Este cadáver errante, de ropas andrajosas, movimientos torpes y mirada perdida, ha protagonizado miles de manifestaciones artísticas en diferentes áreas que han hecho las delicias de unos y han producido el pavor y los escalofríos de otros. Pero, ¿cuál ha sido su devenir estético y cómo se ha convertido en lo que hoy conocemos? La estética zombi desarrollada entre los años cincuenta y sesenta simboliza un cambio rápido y esclarecedor que mama directamente de los cambios sociológicos, antropológicos y políticos del momento. El zombi que poco a poco se fue conformando en esas décadas se convirtió rápidamente en toda una metáfora del miedo del ser humano más primitivo: el miedo al Otro y a la maldad innata.

Se podría decir, sopesando el resultado y el devenir del zombi, que se trata de una acumulación cultural la responsable de la evolución del mito; sin embargo esto no explica a mi entender — o mejor dicho, explica en parte — el cambio estético que sufre el muerto revivido. El zombi puede resumirse fácilmente en la supuesta imagen de un maniquí de alambre al que se le van superponiendo diferentes retales, sin orden ni concierto, de diferentes materiales y en diferentes estados. Al final de la operación, el maniquí sigue ahí, pero el resultado que nos ha llegado es muy diferente a la imagen original del maniquí. En síntesis, y respetando el esquema tripartito expuesto por Palacios (en La plaga de los muertos vivientes, Jesús Palacios clasifica el zombi en zombi vudú, zombi pulp y zombi posromero) pero bajo mi propia terminología, tenemos tres figuras esenciales: el esclavo sumiso, el monstruo alienado y el alienado monstruoso. Si bien el esquema de Palacios clasifica a nuestro monstruo por sus estadios históricos y evolutivos, creo que mi propuesta está más cercana a ceñirse a una clasificación que tiene en cuenta sus diferentes estadios estéticos.

La noche de los muertos vivientes

El gran mito y clásico del cine, hecho carne... muerta

La noche de los muertos vivientes

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 4.5/5

La noche de los muertos vivientes

La legendaria película de Romero faltaba en Almas Oscuras, y a mí me han encargado la noble tarea de reseñarla. Gracias, Joan, todo un placer y un auténtico honor.

Antes de empezar me gustaría señalar una cuestión en cuanto a la nota: ¿qué derecho tengo a la hora de valorar un clásico? Ninguno, simplemente el derecho que me otorgan en esta casa. Un clásico no puede ser valorado por la única razón de que sencillamente merece su categoría de clásico por aguantar el paso del tiempo con la misma frescura con la que se estrenó. La noche de los muertos vivientes aún hoy mantiene su maravillosa atmósfera de tensión y terror, simboliza el nacimiento de toda una generación cinematográfica, sólo por eso se ha ganado su puesto en la cima. Yo cada vez que la veo disfruto como un crío: es una obra maestra.

Primer contacto, en algún lugar de Pittsburgh…

Rodada como cine independiente y financiada por algunos de los mismos actores de la cinta, la ópera prima de Romero como largometraje se centra en la resistencia que ofrece un grupo de individuos frente al amenazante ataque de «un ejército de asesinos no identificados», descritos como «aparentemente son gente corriente; algunos afirman que aparecen entando en una especie de trance». Los descritos como asesinos ya se conciben aquí, desde el título, como seres que anteriormente fueron personas, sólo que la amenaza reside en que forman un grupo homogéneo de hostiles, muertos vivientes que sólo tienen la ambición de destruir a aquellos que no son como ellos. Enmascarados bajo una construcción de instintos primitivos, en ocasiones estos revividos parecen comportarse como animales, como apunta el protagonista «BEN. Les asusta el fuego. Lo he descubierto»; se trata por lo tanto de un ente construido como un humano que se animaliza, retorna a un ser primitivo, una envoltura humana que contiene lo negativo, el mal primigenio, lo desconocido fundamental para que se erijan como terroríficos: «De momento no tenemos datos concretos para advertirles de quién o de qué guardarse, o de qué monstruos deformes deben ponerse a salvo. La reacción de los encargados de la ley es de desconcierto total», informa el noticiero de la radio.

Lo mejor: Cómo ha conseguido resistir al paso del tiempo, su atmósfera -es el nacimiento de todo un género-, la interpretación de Duane Jones y la crítica subterránea que encierra.

Lo peor: La pátina racista que las malas lecturas han sacado de ella, inexistente en la obra.