Willow Creek
Esta vez sí pienso seguir las huellas del Bigfoot

Jim y su novia, Kelly, viajan hasta Willow Creek, California, para seguir los pasos de Patterson y Gimlin, dos célebres investigadores del Bigfoot que, en 1967, grabaron las imágenes más famosas del legendario monstruo. Kelly es escéptica, y toma parte en el viaje con el único objetivo de acompañar a su novio. Jim, un creyente, espera capturar imágenes del monstruo por su cuenta, por lo que su cámara está rodando constantemente. La pequeña ciudad de Willow Creek es una meca para la comunidad Bigfoot. Estatuas de Sasquatch custodian las empresas locales y las hamburguesas “Bigfoot” son la especialidad culinaria de la ciudad. La pareja entrevista a los lugareños sobre la realidad del Bigfoot, y estos cuentan desde historias sobre encuentros casuales con una criatura gentil, hasta cuentos de misteriosas evisceraciones. El día en el que Jim y Kelly planean ir de excursión al bosque en busca de la prueba definitiva, les dan una simple advertencia: “No es una broma. No debéis ir allí.” Pero a pesar del mensaje ominoso y de las propias reservas de Kelly, ambos se dirigen al bosque para acampar. Los eventos posteriores les harán desear haber pasado la noche en el Bigfoot Motel.
No os voy a mentir… ¿Una pareja acampando en el bosque? ¿Asediados por un Bigfoot? ¿Y todo ello mientras la cámara no deja de dar bandazos de un lado a otro poniendo a prueba nuestro sentido del equilibrio? En primera instancia probablemente mi respuesta sería (a riesgo de ser acusado de estar cargado de prejuicios… lo cual, probablemente, sea cierto), “No… gracias”. Sencillamente no me apetece tragarme una mezcla de La Bruja de Blair y The Lost Coast Tapes. Seguro que encuentro cosas más interesantes en las que ocupar mi tiempo libre. Pero… wow… ya se sabe que los prejuicios son siempre pésimos compañeros de viaje. Willow Creek escondía un as en la manga.



