The Pool

En lo hondo de la locura

The Pool

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 4/5

The Pool

“Se cuenta que ha habido desapariciones de personas en este lugar desde hace siglos. Hace unos cuantos años cuatro jóvenes desaparecieron, fue como si se hubieran esfumado en el humo. Existen diversas teorías acerca de lo que causó estas desapariciones, desde pedofilia a arenas movedizas, pero la gente de la localidad asegura que algo oscuro vive en estos marjales, algo incomprensible, acechando desde el fondo de la piscina, esperando. Esperando con toda la paciencia del mundo hasta que algún transeúnte desaventurado se acerque a ella…”.

The Pool, de la mano del director Chris W. Mitchell, supone una nueva incursión en el cine de terror provinente de Holanda; un país que últimamente se encuentra en pleno apogeo en cuanto a cine de género se refiere, más aún desde el salto internacional de la gran Loft (cuyo remake verá la luz en breve), junto a una serie de producciones que han salido prácticamente de la nada y que se han ganado a pulso el reconocimiento de público y crítica, como Borgman (ganadora del premio a la mejor película en Sitges 2013), Dood Eind o Saint, todas ellas extraordinarios paradigmas que lo patentan. Holanda se ha convertido, poco a poco, paso a paso, en todo un referente.

Lo mejor: “Todo se pudre” es una verdad inmutable. Su mala leche y su atmósfera.

Lo peor: tiene lagunas importantes, pero nada que no se pueda pulir con una buena secuela.


Especial Halloween 2014

10 películas de terror para la noche de Halloween

Especial Halloween 2014

Aquí estamos, un año más dispuestos a ofreceros nuestras particularísimas recomendaciones para pasar una noche de halloween terrorífica, salvaje y divertida. Y como cada año hay para todos los gustos: serie Z italiana, clásicos de la serie B ochentera, clásicos modernos, slashers, cine familiar… e incluso un hombre rata. Nos atrevemos con cualquier cosa. Manos a la obra…

The Descent (2008)


En la noche de Halloween uno puede hacer muchas cosas, pero una de las que no deberíamos hacer es explorar cuevas en páramos perdidos. Nunca se sabe qué puede haber escondido en un lugar tan sórdido y oscuro como una profunda cueva con multitud de caminos y recovecos laberínticos donde perderse.

En The Descent, unas amigas van a hacer exploración espeleológica en una cueva. Sera un día inolvidable para ellas, no precisamente por la diversión y la espectacularidad del descenso, sino por encontrar la angustia y el terror en el interior de la claustrofóbica y oscura cueva. Neil Marshall nos obsequió con una película muy llamativa por la efectividad de su puesta en escena. Y es que The Descent destaca por tener momentos muy tensos donde la claustrofobia y los pasajes estrechos colaboran para dotar a la película de una malsana atmósfera, opresiva y terrorífica, donde las protagonistas acabaran perdiendo el temple y los nervios por los sucesos que acontecen. Una película francamente buena, con una dirección muy acorde y efectiva y unas interpretaciones cuidadas y correctas, lo que unido a un apartado técnico solvente acaba ofreciéndonos un resultado más que óptimo para una de esas películas que recordaremos durante mucho tiempo.

The Scariest Stories Ever Told

El horror de tener un pene

The Scariest Stories Ever Told

Podéis disfrutar del microcorto completo (V.O.) dentro de la noticia.

El lado lúdico de Halloween es el primero que salta a la vista y el que ha conquistado a todo el planeta. Fijaos que en un país tradicionalmente cristiano como España, el paganismo y jolgorio de la fiesta anglosajona, más bien marca comercial, ha logrado imponerse a las castañas y vigilias entre las fogatas de los cementerios. Llevéis flores a vuestros muertos o no, seguro que esta noche os decidís por ver una película de terror, cuando menos, sino acabáis borrachos entre gente disfrazada de brujas, zombies u otra parafernalia que se parece a la Santa Compaña como un huevo a una castaña. Así que no neguéis el lado cachondo de la celebración y animaos a calentar motores con un corto entre medio de los preparativos nocturnos.

¿Qué os parece echaros unas risas con y de Ted Raimi? ¿¡Cómo?! ¿No conocéis a Ted Raimi? No me extraña que entre las nuevas hornadas de aficionados no destaque la trayectoria del “hermanísimo” del director de la “Posesión Infernal” original (sí, y también de “Spiderman”). Su carrera se basa en papeles secundarios, principalmente en las cintas de Sam Raimi y otras series b (como la recientemente reseñada “Intruder”), además de algún papel protagonista diseminado, que se ve sesgado por un rostro histriónico muy característico: véase la entrañable “Lunatics (A love history)”.
Sin embargo es justo reconocer que para los que llevamos tiempo en esto del terror fantástico, Ted Raimi representa, a su peculiar manera, el aspecto más chorras y simplón del terror, precisamente lo que buscamos durante una noche como la presente.

Así que no podía ser más bienvenido el pequeño corto de la web “Funny or Die”, promotores de videos cachondos relacionados con nuestro amado mundillo y que para un día tan señalado nos regalan una especie de tráiler ficticio de una antología de horror que os aseguro nunca verá la luz: “The Scariest Stories Ever Told”. Presentada y protagonizada por el bueno de Ted, que en un alarde de cachondeo se ratifica a sí mismo con una buena ración de caretos exagerados. Especialmente dedicado al sector masculino de Almas Oscuras, echadle un vistazo porque es muy cortito y se entiende perfectamente aun estando en versión original… y luego os vais a emborrachar a la salud del tito Bob, ¿vale?

Fiesta Sorpresa

Un relato breve de Jorge P. López

Fiesta Sorpresa

Como celebración de la Noche de Difuntos me gustaría regalaros un cuento corto que ambiente alguno de los escalofriantes momentos que viviréis durante Halloween. Si os gusta y queréis darme otra oportunidad como narrador, quizás os tiente mi última antología, Cuervología Nº 13, en dicho caso podéis comprarla aquí. ¡Felices pesadillas!

Intentaba enumerar las bolsas, comprobar que había una para cada invitado, finalmente las cuentas salían y con ellas su sonrisa resquebrajada se ensanchó hasta resultar dolorosa. Le costaba horrores concentrarse, la palpitación se volvía insoportable aunque creyó poder mantenerla a raya repasando los detalles de la fiesta: los globos, los cubiertos, el confeti, las bolsas… Especialmente esos pedazos de plástico negro, minados de un festivo contenido: el que arrancaría lúgubres gestos de sorpresa a los comensales. Sabía que se mostrarían puntuales ante la misteriosa tarjeta imposible de obviar, pues ellos deseaban volver al salón de baile, al mismo lugar donde la anterior velada acabó en desastre.

Hasta ese momento había olvidado lo fácil que fue encubrir la hecatombe, ni siquiera los insoportables pinchazos de las articulaciones habían conseguido avivar su memoria, sin embargo las sillas colocadas en la idéntica posición que la fatídica noche habían disparado los recuerdos. Se resistió a ellos; no quería visualizar otra vez el contenido de la tarta y la reacción de los presentes, pues eran sus caras, sonrojadas como luces de alarma, las que provocaron la primera de todas sus penurias, por suerte se había librado de ellas metiéndolas una por una en aquellas bolsas venenosas.

Maldijo por lo bajo, unas manos hinchadas no eran la mejor herramienta para preparar las coronas de papel, pero la estancia debía mostrarse como la fotografía estática que le regalaron al entrar al reciento durante aquella noche difusa; al fin y al cabo era todo lo que guardaba intacto de su juventud. Oyó salpicaduras sobre el parquet del salón, por lo que tuvo que controlar su excitación, los espumarajos de baba podían delatarle, así que se agachó a secarlos con las mangas de su camisola, por fin entendió que una prenda tan holgada no solo era útil para ocultar cicatrices y deformaciones. Una serpiente plateada se deslizó dentro de él llevando un escalofrío de anticipación a su espina dorsal, sabía que aquella era la señal, y la única compañía placentera que disfrutaría al besar la tumba.

Imitando a un espectro, canturreó cuando oyó el motor del primer coche. Eran puntuales: la curiosidad resultaba tan intensa como la aflicción que le habían infringido. Se escondió para recibirlos a su debido momento; lo hizo tras las enormes cortinas grises porque hacían juego con su alma, vapuleada desde que se jugaron a los dados, esos malditos cubos trucados, quien sería el primero en probar la tarta. Esta vez había un pedazo para todos, aunque tuviese que esperar un poco, más de una década lo había acercado a este momento de cristalina venganza, ¿acaso importaba esperar durante unos minutos? Lanzó una risita depravada, su deteriorada sinapsis componía imágenes de los rostros de los comensales, sus ojos como platos, las venas del cuello a punto de estallar, los gritos volando de sus gargantas. La risita volvió, desafiando el silencio preludio de la tormenta, no podía dejar de reír cuando imaginaba a los invitados en el momento que descubriesen los zapatones rojos asomando incongruentes desde los bajos de las cortinas…