Sick: Survive the night
Una noche movidita...

Dos años después del inicio de la infección, miles de millones de personas han muerto, los gobiernos se han derrumbado y la raza humana está al borde de la extinción. El Dr. Leigh Rozetta es un joven e inconformista científico, que ha estado viviendo en una instalación secreta del Gobierno desde que comenzó el brote. Tras una serie de intentos fallidos por encontrar una cura, Leigh se escapa para regresar a casa de sus padres. En su camino se cruza con Seph y Mckay, dos supervivientes que a duras penas escaparon del último ataque de infectados que sufrieron. Con la noche a punto de caer, los tres saben que tienen que buscar refugio si pretenden ver salir el sol de un nuevo día. Resguardados en casa de los padres de Leigh, el plan es simple: sobrevivir a la noche.
De entrada, presupuesto escaso, originalidad prácticamente nula y zombis… un buen número de ellos. Esto es lo que parece ofrecernos, repito, de entrada, Sick: Survive the night, película canadiense dirigida por Ryan M. Andrews y rodada, curiosamente, en Pontypool, ciudad que ya dió nombre a una de las mejores películas de “infectados” de la pasada década y de la que Ryan se declara un ferviente admirador. Pero volvamos a Sick: Survive the night, película de zombis que el pasado año se llevó un par de premios en Festivales especializados y a la que la crítica, sorprendentemente (al menos yo me he llevado una cierta sorpresa) trató mucho mejor de lo que un servidor imaginaba. He tenido la oportunidad de leer un par de críticas de Sick que destacan su guión, centrado en unos personajes sólidos y las relaciones que surgen entre ellos en el marco de una situación agónica; y la excelente labor de todos los actores implicados.




