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Con la belga Cub – galardón a la mejor dirección en el Festival de Sitges y recién salida de la programación del Tiff – retomamos aquellos casposos slashers de antaño (gloriosos años 80), en especial los relacionados con los campamentos de verano, siendo Viernes 13 el gran éxito taquillero que coronó aquella tendencia. Una finalidad revival similar a la que persiguió en su momento el soporífero slasher pseudo-musical Stage Fright, aunque en realidad Cub tampoco le gira la espalda a slashers mucho más cercanos en el tiempo, de manera que sagas como la de Wrong Turn y, como no, la extensa sombra de Saw se encuentran muy presentes durante todo el trayecto que experimentamos en Cub. De hecho, resulta complicado hablar de Cub sin reconocer los méritos de una saga como Saw (a pesar de la saturación y el rechado que suele provocar entre buena parte de los aficionados) o sin mencionar slashers ochenteros del calibre de la mencionada Viernes 13, Sleepaway Camp o sucedáneos. Cub es una perfecta mezcolanza entre lo viejo y lo nuevo… tanto para bien como para mal.
La historia gira en torno a la pesadilla de campamento de verano del pobre Sam, un joven boyscout que sufre la humillación y el vilipendio contínuo tanto de sus compañeros como de sus instructores – vamos, todo un cliché el muchacho – , además de sufrir el acoso de un misterioso personaje cuya identidad, obviamente, no desvelaré. A la par que muchos de aquellos slashers ochenteros a los que os hacía mención, Cub también esconde mucho factor psicológico de pacotilla, muy mal desarrollado y con muchas lagunas, probablemente con la única intención de sorprender al espectador más despistado. El problema es que la película se anda durante mucho tiempo por las ramas, construyendo con esmero sus clichés y jugando con la ambivalencia de sus personajes de un modo muy vago, en lugar de centrarse en ofrecer, cuanto antes, casquería fina y tensión, que al fin y al cabo es lo que, en realidad, se le da de auténtico vicio. No obstante, y a pesar de que tarda más de lo deseado (padeciendo, en determinados momentos, un ritmo algo lento), la mala leche llega… y es bien recibida. Finalmente todo queda bien hilvanado: los clichés, el factor picológico y la mala leche; dejando constancia de que Cub no se anda con tonterías y que, cuando arranca, deja demostrado, con creces, que se trata de una efectiva película de terror.
Lo mejor: las muertes son geniales, completamente inesperadas… un soplo de aire fresco.
Lo peor: el guión es un poco esperpéntico y algo previsible. Podría haber sido una de las películas del año.