El precio de un imperio

Un relato de Francesc Marí Company

El precio de un imperio

París, 2 de diciembre de 1804

—¡Largo! —le espetó crudamente al sirviente que gentilmente le abría la puerta—. No quiero ver a nadie.
Mientras el sirviente huía con paso acelerado del despacho de su amo, este cerró dando un portazo que hizo temblar las altas paredes de aquel palacio. Esa noche no estaba de humor para tratar con amantes fervientes y, mucho menos, con criados excesivamente serviles. Él era solo un hombre.

Lentamente, pero con paso firme, se dirigió a su escritorio y se dejó caer en aquella butaca que tan pocas veces usaba. Hincó el codo derecho en el apoyabrazos de la butaca y se frotó la frente con tan sólo el pulgar y el índice. A pesar de que aquel debería ser el día más feliz de toda su vida, sabía que no podía celebrarlo como el resto de la ciudad y de la nación lo estaban haciendo en aquel preciso instante. Si París y Francia supieran que había hecho para subir al trono, probablemente dejarían de tratarlo como a un dios viviente.

Cerró los ojos intentando relajarse, pero antes de que su mente intentara buscar algún agradable recuerdo, como el día que conoció a su esposa o el agradable tacto de las manos de su madre, escuchó unos suaves pasos.

Cub

El honor de un slasher

Cub

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3.5/5

Cub

Con la belga Cub – galardón a la mejor dirección en el Festival de Sitges y recién salida de la programación del Tiff – retomamos aquellos casposos slashers de antaño (gloriosos años 80), en especial los relacionados con los campamentos de verano, siendo Viernes 13 el gran éxito taquillero que coronó aquella tendencia. Una finalidad revival similar a la que persiguió en su momento el soporífero slasher pseudo-musical Stage Fright, aunque en realidad Cub tampoco le gira la espalda a slashers mucho más cercanos en el tiempo, de manera que sagas como la de Wrong Turn y, como no, la extensa sombra de Saw se encuentran muy presentes durante todo el trayecto que experimentamos en Cub. De hecho, resulta complicado hablar de Cub sin reconocer los méritos de una saga como Saw (a pesar de la saturación y el rechado que suele provocar entre buena parte de los aficionados) o sin mencionar slashers ochenteros del calibre de la mencionada Viernes 13, Sleepaway Camp o sucedáneos. Cub es una perfecta mezcolanza entre lo viejo y lo nuevo… tanto para bien como para mal.

La historia gira en torno a la pesadilla de campamento de verano del pobre Sam, un joven boyscout que sufre la humillación y el vilipendio contínuo tanto de sus compañeros como de sus instructores – vamos, todo un cliché el muchacho – , además de sufrir el acoso de un misterioso personaje cuya identidad, obviamente, no desvelaré. A la par que muchos de aquellos slashers ochenteros a los que os hacía mención, Cub también esconde mucho factor psicológico de pacotilla, muy mal desarrollado y con muchas lagunas, probablemente con la única intención de sorprender al espectador más despistado. El problema es que la película se anda durante mucho tiempo por las ramas, construyendo con esmero sus clichés y jugando con la ambivalencia de sus personajes de un modo muy vago, en lugar de centrarse en ofrecer, cuanto antes, casquería fina y tensión, que al fin y al cabo es lo que, en realidad, se le da de auténtico vicio. No obstante, y a pesar de que tarda más de lo deseado (padeciendo, en determinados momentos, un ritmo algo lento), la mala leche llega… y es bien recibida. Finalmente todo queda bien hilvanado: los clichés, el factor picológico y la mala leche; dejando constancia de que Cub no se anda con tonterías y que, cuando arranca, deja demostrado, con creces, que se trata de una efectiva película de terror.

Lo mejor: las muertes son geniales, completamente inesperadas… un soplo de aire fresco.

Lo peor: el guión es un poco esperpéntico y algo previsible. Podría haber sido una de las películas del año.


Time to Kill

Sara, dulce Sara

Time to Kill

Sara es una hermosa rubia que luce unos espectaculares tatuajes en su piel. Aquejada de una extraña enfermedad, Sara recibe la noticia de que tan solo le queda 24 horas de vida. ¿A qué dedicará Sara su último día sobre la Tierra? Pues a torturar y matar a todos aquellos que le han hecho daño. La venganza está servida. Para Sara no hay tiempo que perder, tan sólo hay… Tiempo para matar (Time to Kill).

Una sinopsis contundente para un nuevo grindhouse-revival de la mano del director, guionista y productor Brian Williams. Supongo que a estas alturas a nadie se le escapa que esta moda, supongo que pasajera, de revisitar las formas raídas y gastadas de los viejos exploits setenteros en ocasiones no es más que un subterfugio para intentar justificar, camuflar o adornar la escasez de medios - principalmente de pasta. Pero también está sobradamente probado que la carencia de medios no está reñida con el talento, y el grindhouse-revival, que tuvo su orígen en aquel doble programa de la mano de Tarantino y Rodríguez, también nos ha ofrecido deliciosas películas en los últimos años (películas que me niego a mencionar por temor a hacerme muy, pero que muy pesado). De manera que un servidor sigue recibiendo, como agua de mayo, propuestas como las de Time to Kill, un exploit revenge en toda regla, en cuyo tráiler (y póster, que podréis ver a continuación) abundan las tetas, los culos, los tatuajes, el gore…, y más tetas, y más culos y baños de sangre (en el sentido más literal de la expresión). Yo me apunto, sin pensármelo, a esta escalada de violencia y sexo sin sentido cogidito de la mano de la dulce Sara. A continuación el póster, algunas imágenes y el póster de Time to Kill.

Torment

La família y uno más

Torment

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 2/5

Torment

Cory Morgan, su reciente nueva esposa y su hijo de 7 años, deciden trasladarse a una casa de campo para intentar estrechar unos lazos familiares que se encuentran en un estado algo deteriorado. Cuando llegan a la casa descubren que alguien ha estado ocupándola de manera ilegal. Ahora parece estar vacía. Lo único que han dejado son restos de basura. Pero pronto descubrirán que quizás la casa no esté tan vacía como habían creído en un primer momento.

Intuyo que hay algo en Torment que se me escapa. Que no acabo de comprender. A los tipos que utilizan máscaras sacadas de muñecos de trapo (gran acierto… Dichas máscaras ofrecen a los invasores un aspecto realmente inquietante) y se dedican a acosar a una típica y tópica família disfuncional, les mueve o les motiva una manera muy particular de entender, precisamente, el concepto de família. El problema es que si me preguntáis qué demonios de concepto familiar es ese, lo único que os puedo decir es que no lo tengo nada claro. Y eso supone un problema importante, porque ya os adelanto que Torment no me gustó lo suficiente como para dedicarle un segundo visionado en aras a intentar aclarar algunos conceptos.

Lo mejor: Se agradece la presencia de Katharine Isabelle.

Lo peor: Le falta acción y mala hostia.