April Apocalypse

A cualquier cosa le llaman apocalipsis

April Apocalypse

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 2/5

April Apocalypse

Seguramente habéis visto, en algún momento de vuestras vidas, una película parecida a April Apocalypse… pero sin zombis. Hace ya unos cuantos años (lustros… o incluso décadas) en los que un tipo determinado de películas —habitualmente comedias de bajo presupuesto— utilizan la figura del zombi como un simple pretexto. Como un hecho circunstancial. Nadie se esfuerza en justificar el porqué los muertos regresan a la vida y se comen a sus congéneres. Aceptamos, como una verdad irrefutable, un apocalypsis zombi prefabricado y distribuido en serie, que nos sirve de escenario para contar cualquier tipo de historia. Los muertos vivientes juegan un papel secundario en este tipo de películas. Están ahí. Su presencia es, más o menos (cada vez menos), amenazante y, por supuesto, sirven de excusa para vomitarle al espectador un par de secuencias de casquería fina más o menos logradas (cada vez menos). April Apocalypse pertenece a ese tipo de películas…

Chico y chica se conocen siendo críos y se convierten en inseparables. Ella crece y se convierte en una chica popular en el instituto, novia del capitán del equipo de fútbol americano. Él también crece y se convierte en un freak inadaptado, con una emisora de radio pirata instalada en el sótano de casa y con un único amigo traficante de maría. Cada vez que ella necesita llorar sus penas sabe que puede contar con el hombro de su fiel amigo. Cuando ella se muda de barrio, él se queda con el corazón partido. Han pasado los años, el advenimiento del apocalipsis zombi es inmediato, y él tiene un único objetivo entre ceja y ceja: salvar a su querida April.

Lo mejor: Su duración... apenas 80 minutos que no te dan tiempo a aburrirte.

Lo peor: A pesar de la duración solté un par o tres de bostezos.


Boxhead

Pesadillas kafkianas

Boxhead

Al es un vejestorio alcohólico que ha decido recluirse por decisión propia. Hubo un tiempo en el que aspiraba a ser alguien; un escritor, con una vida y carrera prósperas. Ese tiempo, junto con todos sus sueños, hace años que pasó y ahora vive solo, con su vida reducida a una existencia vacía y solitaria envuelta en alcohol. Pero junto al tiempo huido, una extraña criatura le observa, esperando en la oscuridad… Una noche, Al descubre algo absolutamente horrible que podría salvar su alma. Adoptando el rol de un detective, investiga una historia que nunca terminó y que le llevará a sus propias pesadillas. Al mismo tiempo, la criatura acechante entra en la vida de diferentes personas, revelando sus miedos y pesares más profundos; y así, mediante sus lágrimas, se alimenta de ellos. Al busca alimentarse de otra forma: derribando un laberinto de fantasías y pesadillas, pertenecientes al pasado y al presente, que en última instancia representa su propia mente.

Clase Nocturna

Matrícula de honor o muerte con deshonor

Clase Nocturna

Tras el regreso de las vacaciones navideñas, Caleb Prentiss hace un macabro descubrimiento: durante su ausencia, una chica desconocida ha sido brutalmente asesinada en su dormitorio. Para él, un estudiante frustrado por el tedio de las insípidas clases, ese suceso supondrá algo más que un incidente extraño y se convertirá en una obsesión a la que aferrar su oscura vida universitaria. Emprenderá una búsqueda desesperada por averiguar la identidad de la chica y del misterioso asesino, una búsqueda que no podrá abandonar ni siquiera cuando toda su vida empiece a derrumbarse a su alrededor.

Uno de los elementos clave para el éxito de una novela o un film consiste en lograr por parte del autor y director respectivos que nos identifiquemos con los personajes protagonistas. No importa que estemos ante un cabrón con pintas como Logen Nuevededos alias “El Sanguinario” de la trilogía “La Primera Ley” del fantástico Joe Abercrombie o ante el héroe prototípico de carácter honesto y épico como el Aragorn de “El Señor De Los Anillos” tolkeniano, o si nos remitimos al ámbito cinematográfico, tanto da que nuestro paladín sea un crepuscular Ash de la saga “Evil Dead” de profesión matademonios fracasado o una aguerrida Teniente Ripley capaz de susurrarle al oído eso de ¡Aléjate de ella, puerca! a toda una reina Alien.

Let's scare Jessica to death

Frágil retrato de la locura

Let's scare Jessica to death

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3/5

Let's scare Jessica to death

Jessica, su novio y un amigo se dirigen a la granja que acaban de comprar en busca de la tranquilidad del campo. Abandonan Manhattan esperando que Jessica se recupere de las crisis nerviosas que la acosan desde la muerte de su padre. Tras un breve y tenso encuentro con los locales, el grupo llega al viejo caserón para descubrir que una joven la habita. Una vez hechos todos amigos, los días transcurren con una falsa tranquilidad que terminará por romper de nuevo los nervios de Jessica debido a siniestros eventos. ¿Existe una maldición en esa casa o nuestra adorable protagonista está perdiendo la noción de la realidad?

El sueño americano terminaba empapado en sangre tras el fracaso que supuso la hiriente guerra de Vietnam, la sociedad estadounidense despertaba para contemplar un futuro más hostil, y su enfrentamiento con la realidad se resolvería en un campo de batalla lleno de interrogantes sobre la familia, el amor, el significado del trabajo duro y la forma de vida basada en el capitalismo. Estados Unidos abandonaba la infancia para convertirse de golpe y porrazo en un adulto cubierto de cicatrices tanto físicas como morales. Y la industria cinematográfica no fue ajena a este cambio de paradigma, que afectó incluso al cine de género. Una de las muestras tempranas de esta interpretación del traumático cambio a la edad adulta, en cuanto a sociedad, sería “Let’s scare Jessica to death” (conocida en España como “La Maldición de los Bishop”), cinta de psicodélicos título y cártel que nos presenta el frágil drama de una mujer que intenta decantarse entre locura y cordura en un mundo que se ha vuelto hostil para ella.

Lo mejor: La equilibrada y elegante forma de plasmar la locura, la duda emocional, en pantalla.

Lo peor: A veces es tan reflexiva que... se hace un poco soporífera.