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| ORIGINALIDAD: |
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El tiempo ha construido arquetipos que siempre funcionan y que, hoy por hoy, constituyen pilares elementales para el género. Todos sabemos, a estas alturas, que si mezclamos un “rape” (violación) logrado con un trepidante “revenge” (venganza), el resultado siempre dará un aprobado —o casi siempre—. Hace un par de años que nuevos cineastas acuden a las viejas fórmulas y usos, para aportar una nueva perspectiva del subgénero rape&revenge (Girls against boys, Felt o Savaged son notorias muestras de ello), buscando nuevas tramas, conflictos morales y giros inesperados en el guión con los que se pretende eludir la triste etiqueta de “No aporta nada nuevo” con la que, por cierto, suelo terminar muchas de mis reseñas. Y precisamente es justo ahí, en esa necesidad de aportar novedades a un subgénero tan estático y tan poco abierto a los nuevos aires como es el rape&revenge, cuando entramos en una zona pantanosa. Cuando rompemos las reglas de un subgénero solo pueden suceder dos cosas: o le sacamos brillo…, o lo enterramos en polvo. A veces funciona, como en el caso de Lucky Mckee y su The Woman, la adaptación de la novela de Jack Ketchum; mientras que en otras ocasiones, sencillamente, no lo hace, como en el caso de la presente Julia.
El argumento base de Julia es bastante chocante: Julia se dirige a una cita en la que será drogada, maniatada, violada y dada por muerta por un grupo de delincuentes. Cual “Ave Fénix” Julia revive y, moribunda, consigue llegar a su casa para lamerse las heridas. Pasados los días Julia se introduce en una secta liderada por un tal Dr. Sgundud, quien la entrenará y transformará en una asesina de hombres, con la única condición de que Julia jamás se podrá vengar de sus asaltantes. Si lo hace tendrá que pagar un precio muy alto. ¿Podrá Julia evitar la tentación?
Lo mejor: Julia.
Lo peor: El guión.