Bigfoot vs. Zombies

El peludo salvador de la humanidad

Bigfoot vs. Zombies

Un científico más o menos loco crea un liquidillo que convierte lentamente a las personas en rabioso seres hambrientos de carne. ¿Quién podrá detenerlos? ¿La Masa? ¿Las Cazafantasmas? ¡No! ¡Un felpudo con patas primo de Chewbacca!

Aquí no vamos a engañar a nadie, algunos os habéis quejado amargamente de que el bueno de tito Bob sólo os trae películas de mierda que llevaros a la boca. ¿Debería justificarme? Me gusta la ponzoña, pasado de rosca tras años de ver cientos de películas de terror, parando a ratos para liarme otro junto a los amigos de toda la vida, uno tiene el ojete tan dilatado que entra cualquier cosa. Lo que no me anula ni el sentido del gusto (o del tacto, mejor dicho) ni el sentido común: el 90% de películas que veo son horribles, una especie de tortura gozosa donde el masoquismo ha tenido un efecto perjudicial en mi forma de entender la vida. Pero sabiendo que hay un nutrido número de clientes en ciertos locales tailandeses decorados como celdas de tortura donde el cuero, el látex y los guantes de goma campan a sus anchas, creo que lo mío es “pecata minuta”.

Endor

¡Qué mueran los putos Ewoks!

Endor

Los estudiantes de posgrado Keira y Russ están en un viaje por carretera a Omaha en la celebración de su primer aniversario cuando tienen que parar en una granja local a pedir ayuda con el coche. Después de presenciar allí un asesinato brutal, son perseguidos a través del municipio agrícola de Endor.

Slasher de bajísimo presupuesto (diez mil dólares y gracias) que, lejos de la Luna Santuario, nos adentra en las zonas rurales del centro de Estados Unidos. Con dos protagonistas que rozan la cuarentena ejerciendo de recién graduados, será que les costó terminar la carrera, nos sumergimos en un festival de personajes garrulos, a juzgar de su tráiler, entremezclados en una especie de “road movie” con gore barato y un asesino con peluca. De nuevo me pregunto: ¿cómo? Cómo diablos llegamos a tener noticias de estas películas de rastrillo estando la difusión cultural tan jodida. En España, donde por ejemplo las editoriales suelen descojonarse de los autores que intentan publicar una antología independientemente de su calidad, esto jamás pasaría. El cine amateur, incluso el comercial, se queda cómodamente en casa mientras que los artistas de talento emigran para poder llevarse un mísero mendrugo a la boca. Y no es una reflexión gratuita, si “Endor” tiene cabida dentro de circuitos que hagan ganar dinero a sus autores es porque en otros países, por ejemplo en Francia, el ciudadano medio paga por acercarse a la cultura, cimentando una industria del ocio bien engrasada, al menos con capacidad para subsistir.

Blackburn

De fantasmas, asesinos... y Soska Sisters

Blackburn

Un incendio forestal y un desprendimiento de rocas, dejan a cinco amigos atrapados en un pequeño pueblo de Alaska. Un pueblo fantasma perseguido por una terrorífica historia. Cuando buscan refugio en el interior de una mina abandonada desperatarán las iras de su habitantes. Ahora deberán unirse y luchar juntos por la supervivencia, ya que los habitantes están acabando con ellos… uno tras otro.

Bueeeeno… Esta es una de esas ocasiones en las que, sin encontrarme con nada realmente novedoso (a botepronto parece una mezcla entre Wrong Turn, My Bloody Valentine y el universo de Silent Hill; y pasaré por alto lo de que está basado en hechos reales), lo que acabo de ver… me pone. Un poquito. Y sin ánimo de crear falsas expectativas. Blackburn es una producción canadiense dirigida por Lauro Chartrand que mezcla el relato de fantasmas con el slasher puro y duro. Fantasmas, caníbales, un asesino con pinta de minero y una caterva de cachorros universitarios liderados, ni más ni menos, que por las inefables Soska Sisters (Jen y Sylvia), las afamadas guionsitas y directoras de películas como American Mary.

Emelie

La revancha de la Babysitter

Emelie

La niñera habitual de los Thompson no puede cuidar a los niños esta noche. En su lugar contratan a su amiga Anna para que los cuide mientras los padres salen a celebrar su aniversario de boda. Al principio Anna parece un sueño hecho realidad para los niños, ya que les permite jugar con cosas que, habitualmente, están fuera de sus límites. Pero pronto serán los mismos niños los que se darán cuenta de que las intenciones de Anna son cada vez más oscuras y retorcidas.

No confundir nuestra Emelie con la dulce y algo pirada Amelie de Audrey Tautou (sí… ya sé que nadie lo ha hecho), ni siquiera hay que confundirla con la señora Botz, aquella babysitter criminal que se topó con la horma de su zapato —Bart— en el mítico episodio de la primera temporada de Los Simpson titulado en España “La Babysitter ataca de nuevo”. De hecho ni siquiera me esforzaré en recordar a la sensual y peligrosa Rebecca de Mornay —ya tenemos una edad…— en La mano que mece la cuna (The Hand That Rocks the Cradle, 1992). Nada de eso… Nuestra particular Emelie es una hermosa y sana jovencita que ha decidido tomarse la revancha por la cantidad de cabronadas que han sufrido las babysitters en tantas y tantas películas de terror. En esta ocasión el asesino no lleva máscara, no llama al teléfono en horas intempestivas, ni mira a través de ventanas y ventanales. Ahora el asesino está dentro de la casa, se gana la confianza de los críos y se convierte, de paso, en la peor pesadilla de aquellos padres que dejan entrar a un desconocido en sus casas para que “cuiden” de sus vástagos.