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Tora Hamilton, cirujana de profesión, se muda con su marido a las Islas Shetland, a 100 millas de la costa de Escocia. Allí la pareja descubre los restos de una joven con extraños símbolos inscritos en su carne y el corazón arrancado. Lo que al principio parecen ser los restos de la víctima de un antiguo ritual, resultan pertenecer a un cadáver fresco, víctima de un folclore que sigue tan vigente hoy en día como hace siglos.
Thriller típico y tópico que abandona afortunadamente los dejes sobrenaturales con los que la productora “Blumhouse” ha copado el panorama. En este caso tenemos el consabido misterio, la desaparición de varias mujeres poco antes o después de dar a luz; la preciosa localización, una isla escocesa cuya mayor atracción es la lujosa clínica de adopción que ostenta, y los, igualmente conocidos, personajes secundarios altamente sospechosos. En cierta simpática forma, una inversión del tradicional “The Wicker Man”, donde una mujer se las ve y se las desea para descubrir el terrible secreto de una aparentemente tranquila comunidad. Alejada de los sobresaltos, “Sacrifice” se sitúa cómodamente en la franja horaria que comprende entre la sobremesa y la siesta, con una fuerte necesidad de café para alcanzar tintes de cierto interés, pues el estilo convencional con que se desarrolla la historia y los inexistentes giros, trama muy predecible, son ideales para realizar la digestión agradablemente tumbados en el sofá bajo una mantita.
Lo mejor: Solidas actuaciones y bonitos paisajes irlandeses y escoceses.
Lo peor: Su convencionalismo y predictibilidad.