Flesh of the Void
¿Existe todavía algo extremo?

La adolescencia, la juventud en general, provoca en el hombre un fuerte deseo de experimentación, beber la vida en todo su apogeo. Una explosión de lozanía y fuerza que marca el largo camino hacia la vejez y, posteriormente, la defunción. Quizás por aquello del equilibrio entre opuestos, algunos desarrollamos una malsana afición por lo macabro cuando llegamos a esos años adolescentes, interesándonos por el terror en cualquiera de sus formas, pero siempre ahondando en su lado más salvaje. Luego la pasión adopta otras formas y el placer por pasajes más ambientales bien merece alejarse de vísceras y cabezas partidas por la mitad.
En mi caso, cuestión meramente unida a la época, fue ahondar en el mondo y el gore alemán lo que despertaba mis bajos instintos. Una copia maltrecha en VHS de “Guinea Pig”, “Nekromantik” o “Aftermath” representaba una auténtica delicia para los sentidos, poco preocupados por argumentos con tantos años por delante. Pues bien, aunque “Flesh of the Void” no tenga nada que ver con mis arrebatos adolescentes en concreto, si me parece que exuda una malsana fascinación por la muerte, “el vacío”, que refleja a su vez ese oscurantismo al que algunas personamos nos abandonamos durante nuestra juventud. Una extensión industrial de una canción perteneciente a los “Christian Death” de principios de los noventa.




