Déjame Salir

"Lo negro está de moda"

Déjame Salir

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3.5/5

Déjame Salir

Se recomienda encarecidamente ver “Déjame Salir” sin mucha información previa. Especialmente, eviten cualquiera de sus tráileres.

Un joven afroamericano visita la finca familiar de su novia blanca, donde se entera de que muchos de sus residentes, también personas de color, han desaparecido. Al poco de llegar descubre la horrible verdad cuando otro frenético afroamericano le advierte de que “salga”. Pero es más fácil decirlo que hacerlo.

“Déjame Salir” (“Get Out” en versión original) es una de las propuestas más esperadas de esta primera mitad del año. Avalada por el estudio “Blumhouse” –que se ha trabajado una intensa campaña de marketing– y el debut tras las cámaras de un cómico de color bastante valorado en Estados Unidos –la verdad que en España Jordan Peele es primordialmente desconocido– la película que hoy comentamos ha cosechado un estruendoso éxito en su país de origen. La crítica especializada la ha encumbrado como obra de culto inmediata y los espectadores han respondido en taquilla, atraídos por su estilo de thriller clásico teñido de paranoia racial. Sucedáneo de “The Wicker Man” y “Las Esposas de Stepford”, donde un ambiente idílico supone una tremenda amenaza para su protagonista: un joven de color que aborda con recelo la presentación a la familia de su novia blanca. Demasiadas sonrisas y buenas maneras que no esconden la falsedad y condescendía de una actitud siniestra, de la cual no voy a revelar absolutamente nada.

Lo mejor: Las actuaciones en general y Daniel Kaluuya en concreto. Además está rodada con mucho estilo, rememorando al trabajo de grandes como Hitchcock.

Lo peor: En la superficie y en el fondo es bastante predecible, pero lo peor es ver el maldito tráiler, te destripa tres cuartas partes de la película.


Godzilla Resurgence

¡Ojo con la bicha!

Godzilla Resurgence

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 2.5/5

Godzilla Resurgence

En Japón estalla el caos cuando de la bahía de Tokio surge una criatura con un poder destructivo inimaginable. Superados por la situación, los organismos políticos y militares quedarán en manos de un grupo de científicos que trabajan contra reloj por salvar a la humanidad.

De los estrenos potentes de 2016 me faltaba hincarle el diente al nuevo reboot japonés de la saga protagonizada por el icónico Godzilla. Tras casi treinta películas prolongadas desde la década de los cincuenta, no en vano nuestro lagarto favorito es hijo de la paranoia post nuclear provocada por los devastadores resultados de la Segunda Guerra Mundial en Japón, podríamos pensar que las destructivas aventuras de una criatura nuclear gigantesca ya habían pasado de moda, incluso habían sido devaluadas por dos intentos norteamericanos de dar su versión sobre el monstruo. Aunque dichos remakes no están nada mal, sobre todo la estrenada en 2014, sí es cierto que los nipones son los padres del invento y demuestran una mayor solidez en la narrativa de las gestas del que podemos considerar el rey de los kaiju. El invento del año pasado no ha salido del todo bien, pero sí encontraremos suficientes elementos de interés como para darle una paciente oportunidad.

Lo mejor: El poder destructivo de Godzilla desatado sobre Tokio.

Lo peor: Demasiado larga, sus ciento veinte minutos parecen además doscientos gracias a un montaje tan dinámico como no he visto en tiempos.


Tall Men

Si Angus Scrimm levantase la cabeza

Tall Men

Un hombre es acosado por unos extraños cobradores fantasmales después de que comprase un coche con una tarjeta de crédito negra.

¿Qué pasaría si tus deudas pasaran a cobrarlas entidades sobrenaturales en lugar de llegar un miserable burofax a marcar la escasez de tus bienes? En una sociedad, la del “primer mundo”, donde casi toda la población vive hipotecada, estaría bien que todo el materialismo extremo que nos ha llevado a la degradación de principios más naturales, “naces desnudo y dueño únicamente de tu palabra”, se revolviese mordiéndonos las garganta y acabando con la falsa seguridad de este capitalismo donde una puesta de sol pronto tendrá precio. A todos nos encantaría tener una cita con un bate de beisbol y esos usuarios de tarjetas opacas fabricadas a costa de nuestro sudor, ¿verdad?
Así le sucede al protagonista de la estadounidense “Tall Men”, una película independiente de terror sobrenatural que todavía no asegura distribución de ningún tipo. La verdad que la premisa podría dar mucho juego de ser explotada con habilidad. El caso, y no criticaré un argumento que desconozco en profundidad, es que el largometraje debut de un tal Jonathan Holbrook no parece gozar de mucho estilo visual, reduciéndose a las fantasmadas más típicas dentro de la época actual. Por no hablar de la irritante insistencia por engañar al espectador desde una aparente perspectiva de locura por parte del protagonista.

Rings

Número equivocado

Rings

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 2/5

Rings

Ya los primeros minutos, en los que Samara (la niña maldita en RGB) se aparece en pleno vuelo internacional, se disparaban todas las alarmas respecto a la calidad de la cinta a la que me iba a enfrentar. Un comienzo forzadísimo con un adolescente (el hermano guaperas de “Crónicas vampíricas”) en sus últimos minutos antes de cerrar el plazo de la maldición y un par de amigas (también televisivas) intentando ayudar, me transmitieron la sensación de que no sólo el avión se la iba a pegar en este viaje… y desgraciadamente no me equivoqué.

Tras varios días sin tener comunicación alguna de su chico, Julia, decide ir en su búsqueda a su campus universitario. Allí descubre que varios alumnos se pasan el video maldito de Samara para una investigación sobre el alma. Empeñada en librar a Holt, el chico, de la maldición, ella misma se expone al video descubriendo en su interior una nueva secuencia de imágenes encapsuladas. Ahora Julia dispone de 7 días para desentrañar los misterios de este nuevo video antes de que Samara regrese por ella.

Lo mejor: Su conclusión viral.

Lo peor: Aburrida, lenta, con una introducción metida con calzador y una decepcionante conclusión.