Flora
Madre Naturaleza no hay más que una

Primavera de 1929: marcando el fin de la edad de oro de la exploración, una pequeña expedición de botánicos universitarios entran en un área forestal desconocida, en la frontera norteamericana. Lo que descubren es un organismo antiguo: una flora que vive aislada de la fauna, sin necesidad de con vivir con insectos, mamíferos o aves. Pronto quedarán atrapados en este bosque, tóxicos para todo animal; así los miembros de la expedición deberán luchar para sobrevivir, escapar y comprender la flora salvaje y aterradora que los rodea.
Con un escaso presupuesto de poco más de 80.000 euros, Sasha Louis Vukovic debuta como director y guionista en esta producción canadiense que se atreve, con el riesgo de caer en el ridículo, a situar su trama en los mismísimos años veinte. La cosa tiene truco, pues para que la ambientación salga barata, la acción se traslada a zonas agrestes donde un gramófono, varios sombreros de paja y un coche de época quizás puedan engañarnos y meternos en materia.



