La Nuit a Dévoré le Monde
Zombis, oh là là

Una noche cualquiera Sam asiste a una estridente fiesta en París, pero el abatido Sam se dirige a una habitación privada y se duerme, aburrido del ambiente festivo. A la mañana siguiente todo ha cambiado: las paredes están manchadas de sangre, no hay un alma viva a la vista y los muertos se han apoderado de las calles. Encerrándose dentro, se prepara para un largo viaje interior. Mientras los muertos vivientes se congregan afuera, Sam pasa los meses solitarios entreteniéndose como sea posible y no perder la cordura.
El cine de muertos vivientes hace años que dijo su última palabra, al menos en lo que a originalidad se refiere, especialmente si nos olvidamos de los experimentos que más bien parecen aberraciones, siempre hablando de historias que de tantas vueltas quedan en nada. Frases que podríamos extrapolar a casi cualquier subgénero del cine de terror, pero la verdad es que un servidor puede prescindir de argumentos revolucionarios siempre que el producto ofrecido sea sólido y monolítico, la comparación no es gratuita, como un disco de “Ramones”.



