Gen

Un serial killer chiflado

Gen

Nadie en su sano juicio puede negar los efectos de la consabida globalización, pero igual que soportamos estoicos la deleznable visión de un odioso McDonalds junto a la bella esfinge de Gizeh, es un decir; el mundo interconectado de hoy nos permite acceder a creaciones artísticas de cualquier rincón del globo. Y en el caso que nos interesa, el cine de terror, no iba a ser una excepción, así contamos con recientes muestras como Rabies o Evil.

Some Guy Who Kills People

Un serial killer gracioso

Some Guy Who Kills People

Siempre es agradable traeros noticias, más si cabe cuando son buenas noticias. ¡¿Y cómo no iba a serlo el regreso al cine de género de una figura emblemática como John Landis?! La única pega que podríamos ponerle a este retorno es que no se produzca detrás de las cámaras si no únicamente como productor ejecutivo. Sin embargo, el producto no puede pintar más interesante:

Safehouse

Mi amigo el robot asesino

Safehouse

He de confesar una malsana afición a las películas de “engendros mecánicos”, esos robots desmelenados que se cargan a todo bicho viviente que se ponga por delante, incluso si es su creador (alegoría nietzscheana capturada de forma definitiva en la magistral Blade Runner). No en vano me amamanté cinematográficamente a la sombra de una década, los ochenta, donde la fiebre “terminator” creó una nueva forma de entender el cine de acción fantástico; un espíritu malsano, claqueteante y punk que hunde sus profundas raíces en glorias como Robocop, Hardware, Soldado Universal o en el abuelo Hal-9000. A su vez, esta trasgresión cibernética tampoco le hizo ascos a la serie B más rancia, especialmente a “la caspa de la mia mamma”, o la explotation italiana para más señas, que colmó de replicas robóticas las estanterías de los video-clubs ochenteros, llegando a cristalizar en la delirante Shocking Dark (estrenada en España como Terminator 2), una mezcolanza de Aliens y Terminator que tarde o temprano será encumbrada al olimpo del cine fantástico.

Vanishing on 7th Street

La vieja oscuridad

Vanishing on 7th Street

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Vanishing on 7th Street

Una apacible noche cualquiera en Detroit; sus habitantes se dejan llevar por el deseo de ocio: el calor de las salas de cine, el amargo whiskey ambientado por la gramola de un bar, el perfumado humo de las velas aromáticas flotando en una habitación acondicionada para horas y horas de sexo salvaje…
Hasta que de pronto, un repentino apagón generalizado sume la ciudad en tinieblas. La oscuridad mantenida a raya mediante la magia blanca, o luces eléctricas si preferís, se hace reina de las calles y así comienza el fin de la humanidad
Nuestros protagonistas, una quiropráctica, un reportero infiel, un encargado del proyector de una sala de cine y un niño, se despiertan rodeados de negrura para descubrir aterrorizados como todo aquel que se vea desprovisto de luz desaparece, literalmente, no dejando más que sus ropas detrás. Las sombras son amenazantes, la civilización parece haber sido desmantelada en tan solo unas horas, la tecnología casi inservible; incluso el sol, agotado, ve su ciclo alterado ofreciendo escasas horas de luz al día.
¿Por qué está pasando todo esto? ¿Por qué la oscuridad ha decidido no llevárselos a ellos todavía? Las preguntas bullen en las cabezas de los escasos supervivientes, mientras desconcertados buscan un rincón iluminado que los mantenga a salvo de esos susurros emanando de las tenebrosas calles. Sin aparente posibilidad de salvación, reflexionan en pequeños grupos, al abrigo de alguna pobre luz, sobre el lugar que ocupan en el mundo y si la aparente oportunidad de sobrevivir en esta nueva era lóbrega es una bendición o una maldición…

Vanisihing on 7th Street, de mejor o peor forma, es una película existencialista. Y para acercarse a esta afirmación lo primero es conocer la recomendable obra cinematográfica de Brand Anderson, su director.

Lo mejor: La interesante idea original, la atmósfera siniestra de un mundo envuelto en sombras vivas y el esfuerzo de los actores

Lo peor: El escaso carisma de los personajes: se tenía que haber profundizado más en su personalidad, la historia podría dar más de sí