Hellacious Acres

Si lo sé no me levanto

Hellacious Acres

John Glass despierta en un granero abandonado de su larga siesta criogénica. Las décadas han pasado y el planeta ha sido devastado por la tercera guerra mundial. Por si fuera poco, la habitabilidad de la tierra está en entre dicho tras una invasión extraterrestre. Sin embargo, no todo está perdido; John sabe como reestablecer una atmósfera estable para la vida humana: ciertos códigos, desperdigados por lejanos eriales, activaran una avanzada máquina que hará el aire respirable. Embarcado en una misión solitaria sobre la superficie de un planeta demasiado parecido al infierno, tendrá que hacer frente a supervivientes enloquecidos, alienígenas, equipo defectuoso, “laaaaaaargas” caminatas y una desproporcionada dosis de mala suerte que puede resultar perjudicial para su salud.

Bite Marks

Vampirizando argumentos ya vistos

Bite Marks

Uno no sabe muy bien que decir ante esta propuesta vampírica de nuevo cuño. Si hace poco ya salimos ciertamente escaldados con Prowl, y otros proyectos de similar catadura – ¿nadie ha visto 30 días de oscuridad 2? Bien, ¡huid de ella! -, no parece que ahora, en formato de película independiente estadounidense, nos estemos alejando mucho de los parámetros que desprenden cierto tufillo a “más de lo mismo siempre que saquemos vampiros con aires ferales”.

Cell 213

La ley no es blanca ni negra, es gris

Cell 213

Michael Gray es un joven y arrogante abogado que nunca le hace ascos a ningún caso, por peliagudo que este sea. Sin embargo, va a descubrir que la ley tiene muchas caras, alguna de ellas sobrenatural, y todas ellas tan engañosas como relativas. Tras ser inculpado por el asesinato de uno de sus clientes encarcelado, es enviado a la penitenciaria estatal de South River. Agonizando en la celda 213, comienza a desentrañar las oscuras circunstancias que llevan a muchos de los reclusos a suicidarse, en tasas más elevadas de lo habitual.